viernes, 3 de febrero de 2017

El Obradoiro jugará este sábado contra Manresa su partido número 225 en ACB. Y el próximo domingo 12 disputará el partido 226 en Vitoria frente al Baskonia. Una vez terminada la visita al Buesa Arena, sucederá algo relevante desde el punto de vista histórico: el Obradoiro entrará en el TOP 30 de equipos con más partidos jugados en ACB. Una lista en la que, por cierto, hay unos cuantos clubs con muchas horas de ACB en sus espaldas y que ahora forman parte del pasado. Los cadáveres de la ACB a los que el Obradoiro irá adelantando si se mantiene en la élite durante los próximos años.

El primer paso para entrar en este grupo (recordemos que 48 equipos distintos han disputado la ACB desde su fundación en 1983) lo daremos el sábado. Al jugar el número 225 contra Manresa, el Obradoiro igualará en número de partidos jugados al difunto CD Oximesa. Este equipo granadino jugó durante seis temporadas en la ACB, entre 1986 y 1992. Aunque el Oximesa había sido fundado en 1979 y antes de su llegada a la ACB ya había coincidido con el Obradoiro en la mítica Primera B.

Plantilla del Oximesa con Arturo Corts, que jugó antes en el Obradoiro
La historia del Oximesa está asociada al pabellón José Antonio Murado de Albolote, a las afueras de la capital nazarí. Era el típico pabellón olla a presión, con el ambiente muy cargado y el público muy cerca de la pista. Una curiosidad: ese pabellón lo inauguró el equipo granadino…. en un partido contra el Obradoiro. 

Pero el Oximesa también es recordado en Galicia por el follón que se montó en un partido contra el Breogán en Lugo ya en la parte final de la temporada 1986-87. A consecuencia de ese escándalo, el pabellón lucense fue clausurado y mandó al Breogán al exilio forzoso. Y fruto de ese exilio se jugó en el pabellón de Santa Isabel el primer partido de ACB de la historia de Santiago, del cual ya os hablé aquí.

La aventura baloncestística del CB Oximesa concluyó en 1993 tras un descenso a la Primera B del que no se recuperó. En todo caso, no se debe confundir al Oximesa -que compitió con el nombre de Puleva Granada a finales de los 80- con el CB Granada, otro club distinto que llegó a disputar más de 400 partidos en la ACB. La historia en la élite del CB Granada  -también desaparecido por problemas económicos- comenzó un poco después, en 1996, tras adquirir la plaza del Salamanca.

Con el partido de este sábado el Obradoiro igualará al Oximesa en partidos (225) y se situará en el puesto 31. Y solo una semana después, el partido contra Baskonia en Vitoria nos permitirá igualar a otro equipo ya desaparecido, el Collado Villalba, que desapareció del basket profesional tras jugar 226 partidos en la ACB.


La historia del Collado Villalba también tiene cierto parecido a la del Oximesa. Una trayectoria en la élite del basket español centrada sobre todo en la segunda parte de la década de los 80, hasta que los problemas económicos obligaron al equipo madrileño a renunciar a la plaza en ACB. Una renuncia que, por cierto, se produjo tras ganar un playout de permanencia contra el Gran Canaria en 1992.

Antes de eso, el Collado Villalba compitió desde 1984 con el nombre de Bancobao, BBV e incluso como Atlético de Madrid Villalba en la temporada 1990-91, en la que también disputó la Copa Korac. Esa fusión resultó un fracaso, como ya había sido la incursión de los colchoneros en el basket un año antes en la Primera B, temporada en la que coincidieron con el Obradoiro.

El Obradoiro entrará así en el TOP 30 de equipos ACB. Pero no se debe perder la perspectiva de que en ese grupo figuran unos cuantos equipos ya desaparecidos, como el Valladolid, Girona, Zaragoza, León, Cáceres o nuestro añorado OAR. Conviene tenerlo presente para valorar que a día de hoy el Obra siga entre los vivos. 

viernes, 6 de enero de 2017

El profesor Alfonso Castiñeiras Murri tiene la buena de costumbre de conservar objetos valiosos. Y este hábito tiene mucha relevancia cuando se trata de uno de los socios fundadores del Obradoiro. Su pasión por el baloncesto -anterior a la fundación del club- es equiparable a la que tiene por la química inorgánica, campo en el que fue nombrado catedrático de la Universidade de Santiago en 1991 y doctor Honoris Causa por la de Granada en 2013. Consecuencia de su afición al basket y de la costumbre antes mencionada, Murri posee los carnés de socio del Obradoiro desde 1970. Y ha tenido el detalle de compartir este tesoro para que podamos conocer la evolución del abono obradoirista a lo largo de casi cinco décadas. Siéntense, abran bien los ojos y disfruten.


En la primera imagen podéis observar cómo era el carné en la primera temporada del club (1970-71), en la cual la cuota mensual de socio fundador era de 50 pesetas, frente a las 150 pesetas anuales que pagaban el resto de los socios. Debajo aparece el carnet de la temporada 1973-74, la del debut del Obradoiro en Segunda División, con la firma de Alejandro Castro, que años antes había llevado la sección de baloncesto de la SD Compostela y que en ese momento ejercía el cargo de tesorero del Obradoiro -y lo siguió haciendo más adelante-.

En la parte de la derecha está el carnet de la temporada 1974-75. Esa fue una temporada muy importante porque fue la primera en la que el Obradoiro contó en su plantilla con un jugador norteamericano, Dave Stoczynski, del cual os hablé hace algunos años. La cuota anual aquella temporada ya había subido a 1.000 pesetas. Por cierto, no están los abonos entre 1971 y 1973, los únicos que le faltan a Alfonso Castiñeiras en esta espectacular colección.


A partir del año 1975 se produce un cambio importante en los abonos. Desde ese año los carnés van a incorporar un sistema de control numérico para evitar que un mismo abono fuese utilizado por varias personas. El método es sencillo: cuando se accedía el pabellón, la persona responsable del control de acceso hacía un agujero en el número del abono que coincidía con la jornada que se disputaba ese día. Esto era en la teoría.

El otro gran cambio que podéis observar en los abonos tiene que ver con el escudo. A partir de ese año el escudo del club se integra en la parte frontal del carné, junto a la identificación del abonado, la dirección o la cuota, que para la Segunda División nacional pasó de las 1.500 pesetas en 1975 a las 2.500 pesetas de la temporada 1980-81 (el abono de la temporada 79-80 es similar al de la siguiente). En ninguno de los carnés figura el número de abonado dado que, como ya os comenté, Alfonso Castiñeiras es socio fundador del club. Por eso en los abonos figura una "F" o, simplemente, la anotación "Fundador".


Atención a los dos abonos que están encima de estas líneas. Ambos son amarillos y se corresponden con temporadas históricas para el Obradoiro. El primero es el abono de la 1981-82, en la que se consiguió el famoso ascenso de Mataró que situó al Obra por primera vez en la élite del basket español. Podéis comprobar a través del carnet que la cuota de socio en aquella campaña se situaba en las 3.000 pesetas, es decir, 18 euros.

El segundo varía ligeramente respecto al anterior. En el estreno del Obradoiro en lo que hoy es la ACB, el abono mantuvo el color amarillo y el escudo. Sí cambió la categoría de "Caballero" por la de "Senior", evitando así las distinciones de género tan habituales en épocas pasadas. Y por supuesto también varió -al alza- la cuota de socio, pasando de las 3.000 a  las 7.000 pesetas. Un incremento lógico si se tiene en cuenta que con ese carnet se podría ver en directo en el viejo Sar a los mejores equipos del basket español y a jugadores que marcarían época en nuestro deporte.


Dado que el carnet de la temporada 1983-84 es idéntico al de la anterior (con la única salvedad de la bajada de cuota, de 7.000 a 5.000 pesetas por el descenso de categoría), hacemos una parada en el inicio de la temporada 1984-85. Es el curso en el que el Obradoiro consigue su primer título oficial, el campeonato de España de Segunda División, que va acompañada del retorno por todo lo alto a la Primera B. Una gran temporada en la que el abono vestía de verde, la cuota era de 3.000 pesetas y el escudo continuaba presente.

Pero en el inicio de la temporada 1985-86 hay un cambio importante: el nombre del equipo cambia con la entrada de Feiraco en el nombre -ya patrocinaba la camiseta desde 1982- y así pasa a figurar también en el abono. Esto se mantendrá hasta el año 1988, cuando la cooperativa láctea deja de ser el patrocinador del Obradoiro. En cuanto a los colores, van del amarillo (85-86) al verde corporativo de la empresa (86-87) y al azul de la 1987-88. Este último es idéntico a la temporada anterior.


1988. En un verano muy convulso el Obradoiro encuentra presidente (Ghaleb Jaber) y consigue salir en Primera B pese al descenso sufrido en un playout dramático con el Andorra. El abono vuelve al diseño tradicional (escudo, numeración de jornadas...) y mantiene la cuota de 10.000 pesetas.

Un año más tarde se produce el conocido playoff con el Juver Murcia del que tantas veces os hemos hablado. Además del carnet de socio que el club entregaba a principios de temporada, también se entregaba un abono muy parecido al de la temporada anterior. Una gran novedad para el club en este 1989 tuvo que ver con el cambio de hogar: el Obradoiro dejó el viejo Sar tras 15 años y pasó a disputar sus partidos como local en el pabellón de Santa Isabel.


Si os fijáis bien en los dos abonos que están encima, comprobaréis que no incorporan el escudo del club sino otro distinto. Fue el que representó al Obradoiro en ese período 1990-92, en el que el Obra estuvo muy cerca de desaparecer por los problemas económicos y la falta de resolución del pleito con Esteban Pérez (primero) y con la Federación Española (después). Una desaparición que, afortunadamente, no se produjo por la determinación de José Ramón Mato y José Ángel Docobo al hacerse cargo del club en septiembre de 1992.

Los abonos en esas dos temporadas fueron idénticos, con el mismo diseño de años anteriores y con la única novedad ya comentada del escudo. También varió el color, pasando del verde claro de la 1990-91 al amarillo de la 1991-92. Esta fue además la última temporada del Obradoiro en el basket profesional hasta el estreno en la ACB... 17 años más tarde.


En 1992 comienza la conocida travesía por el desierto del Obradoiro, un desierto con forma de basket amateur y que tocaba recorrer hasta que las distintas instancias judiciales se iban pronunciando a favor del club. Fueron épocas difíciles en las que el Obra sobrevivió gracias al trabajo y la ilusión de unos pocos. Y esas dificultades -sobre todo en los primeros años- también se plasmaron en los abonos.

Muestra de ello son los carnés entre 1992 y 1994, auténticas joyas dentro del tesoro que conserva Alfonso Castiñeiras. Podéis comprobar que son muy sobrios y únicamente incluían el nombre del socio, el número y la categoría. Ah, y el escudo del club.



La sobriedad se va a mantener en los siguientes años. Pero con una novedad: la introducción de una franja celeste en el abono en evidente homenaje a la bandera de Galicia. De 1994 a 2004 se utilizan cuatro colores de forma alterna (blanco, verde, amarillo y rosa) y el abono sólo cambia en dos ocasiones: en 1995, para introducir la mención al 25º aniversario del club, y en 2002, que se recoge la medalla de bronce de Galicia entregada ese mismo año al club.


Otro cambio, más de carácter tecnológico, se produce en la temporada 2006-07. Ese año los socios pasan a tener un abono en formato tarjeta de plástico, frente al de plástico de tiempos pretéritos. Lo que no desaparece es el escudo del club, que por primera vez se incluye en el abono con todos sus colores: rojo, dorado, blanco y azul.

No obstante, en la temporada 2008-09 se vuelve al formato tradicional de carnet, manteniendo eso sí el escudo del club y la referencia a la categoría de competición (1ª División Nacional). Esa temporada se consiguió el ansiado ascenso a la liga EBA, que coincidiría en el tiempo con el debut -al fin- del Obradoiro en la ACB.


La historia desde el verano de 2009 es mucho más conocida. La novedad desde entonces radica en la coexistencia de dos carnés: el de abonado y el de socio del Obradoiro CAB. Aquí podéis ver dos ejemplos de esta cohabitación, marcada también por el cambio de escudo a partir de la temporada 2013-14. Este cambio se ha trasladado al abono desde 2013, mientras que en el carné de socio sí se mantiene el escudo original del club. La otra gran novedad en este período ha sido la incorporación del número de asiento del abonado, inevitable en un club con varios miles de abonados.

Y así termina el viaje por más de 45 años de carnés del Obradoiro. Un recorrido que ha sido posible gracias a la generosidad de Alfonso Castiñeiras y, lógicamente, a todas las personas que han contribuído a mantener vivo este club de amigos.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Javier Tuky Bulfoni se pasó diez años en España y en 2012 regresó a Argentina. Sus tres últimas temporadas en el basket español las pasó en Santiago y su recuerdo todavía perdura. Pero con 40 años cumplidos en septiembre, todavía sigue haciendo dos cosas que me alegra leer cuando me las cuenta: continúa jugando al basket y continúa echando de menos a la afición del Obradoiro, con la que vivió dos temporadas espectaculares.

Con el 9 y la camiseta de Alumni, el club donde se crió
Al Tuky lo encontramos enrolado en el club Atlético Alumni de la ciudad de Casilda, en la provincia de Santa Fe. Es la misma ciudad en la que nació Bulfoni en 1976. Y es el mismo club en el que dio sus primeros pasos. Todo encaja. "Le estoy dando una mano al club de donde salí, de principio eran unos minutos y me encontré con 40", me cuenta cuando contacto con él.

En esta entrevista cuenta un poco más su experiencia en este autentico regreso a sus orígenes. Le llamaron este año y decidió aceptar el ofrecimiento. El tema fue bien, Alumni logró el ascenso a la máxima categoría de la liga de Rosario y Bulfoni decidió en verano continuar en el equipo. "A medida que pasaban los partidos nos fuimos dando cuenta de que podíamos luchar por los lugares de privilegio y terminamos consiguiendo el ascenso", destaca.

En estos últimos partidos el Tuky estuvo fuera por problemas físicos y el equipo lo notó. Pero a su regreso las cosas van mejor, han vuelto a la senda de la victoria y la gente está muy contenta. Evidentemente es el líder de Alumni. Pero no sólo eso. Es consciente de que la vida del jugador no es eterna y por eso también se ha pasado al otro lado de la cancha. "Doy fundamentos a los chicos de 16,17, 18 años... más adelante los de 10, 11 y 12", me explica.

Bulfoni, con la camiseta de Atenas
(Foto: Interbasquet)
Tuky dejó España en 2012 tras diez años intensos en el basket LEB y ACB. Pasó por cinco equipos distintos (Drac Inca, Algeciras, León, Manresa y Obradoiro), y con tres momentos muy especiales para él: los dos ascensos a ACB con León (2007) y con el Obra, y la histórica permanencia en la ACB conseguida con el Obradoiro en la temporada 2011-12. Una temporada muy complicada, en la que el Tuky fue además el capitán del equipo, pero que terminó con el premio final.

Pero tampoco se olvida su papel en la temporada anterior, la del ascenso a ACB en Burgos, con un Tuky pletórico en el primer partido de la final contra el Autocid Burgos en Santiago. Su presencia en el equipo aquella temporada tuvo también algo de simbólico, ya que era el único jugador que había terminado la campaña anterior en el Obra. Y para el equipo fue muy importante su intensidad defensiva, de las más determinantes en aquella LEB Oro que tanto se ha devaluado en los últimos años.

Celebrando el ascenso en Burgos
(Foto: Fruqui)
-¿Qué tal todo por allá, Tuky?
-"Todo muy tranqui", me contesta.

Y claro, no me resisto a reconocerle que aunque han pasado cuatro años desde su salida todavía permanece en Sar el buen recuerdo que dejó de sus 113 partidos jugados con la camiseta obradoirista. La respuesta es lo mejor: "!Sabes de sobra que los extraño muchísimo!!". Grande el Tuky.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Una reseña muy breve para contaros qué era el Anxo do Obradoiro. No es nada relacionado con el ámbito celestial, sino una curiosa escultura promocionada por el club a finales de los años 80 y que gracias a Arturo Ferraces puedo rescatar del olvido.


El Anxo do Obradoiro fue una colección de 200 esculturas (numeradas) que el club promocionó en la temporada 1988-89. Como ya os he contado en alguna ocasión, la 88-89 fue la primera temporada en la que ocupó la presidencia del Obradoiro el conocido empresario palestino Ghaleb Jaber. No obstante, conviene aclarar que antes de esa temporada Ghaleb ya había estado apoyando al Obra. Un buen ejemplo es que el patrocinador de la camiseta el día del ascenso de Mataró (1982) era Intertisa, empresa vinculada al grupo Araguaney.

Volviendo al tema estrictamente artístico, se ve que el Obradoiro encargó esas 200 figuras para utilizarlas para algo que desconozco, quizás con fines comerciales. No lo sé.


En las manos de Arturo Ferraces cayó uno de los ejemplares, como se puede apreciar en las fotografías. La escultura está numerada y así consta en la placa (el número 121) y está grabado sobre la propia figura, otra vez con el número sobre el total de ejemplares (121/200). A su lado, un nombre que quizás sea la firma del autor. Si alguien tiene alguna información más sobre este asunto será bien recibida.


Lo que sí es seguro es que más de un Anxo do Obradoiro fue a parar a los jugadores de las categorías inferiores del club. Entre ellos estaba un jugador cadete llamado Arturo Ferraces, entrenador de basket ligado desde el 2007 al Calvo Xiria de Carballo y que esta temporada dirige también al equipo senior. Gracias a él he podido descubrir que el Obradoiro tiene su propio ángel (negro, pero ángel al fin y al cabo) desde hace casi 30 años.


EDITADO (13/12/2016): Gracias a Pepe Martínez sabemos algo más del Anxo do Obradoiro. Lo primero, su autor. Resulta que es obra del famoso escultor ourensano Acisclo Manzano, íntimo de Xaime Quessada y que desde 2008 forma parte de la Real Academia Galega de Belas Artes. Como curiosidad, esta entrevista de hace seis años en la que aseguraba que tenía pensado seguir trabajando hasta los 90 años.

Pepe también me aclaró que el Obradoiro puso en marcha esta iniciativa para poder incrementar los ingresos atípicos del club, en una época en la que no olvidemos que el merchandising era poco menos que una utopía. El precio de venta de cada figura era de 10.000 pesetas (60 euros para los que nunca llegaron a manejar pesetas).

¿Y cómo llegó a manos de los jugadores cadetes del Obradoiro? Tiene una explicación: el equipo cadete del Obradoiro consiguió el campeonato gallego esa temporada. Lo lograron tras vencer en una final disputada en el concello ourensano de A Rúa. El Obra le ganó por 20 puntos al OAR en aquella final. Y como premio, el club le dio una de esas figuras a la plantilla campeona. Un justo premio, sin duda.

viernes, 30 de septiembre de 2016


Hace unos días me enteré de que un ex del Obradoiro que jugó en ACB acababa de firmar por un equipo de la liga EBA. El equipo es el Guadalajara Basket. El jugador es Rafa Molina. Y la noticia me produjo una gran satisfacción dada la historia personal de nuestro protagonista, una trayectoria marcada por el infortunio en forma de lesiones. Pero se ve que Rafa no se da por vencido, y de ahí mi alegría: Molina vuelve a las pistas. Que sea por mucho tiempo.

Rafa Molina, en el Obra-Estudiantes de la temporada 2009-10
(Foto: El Correo Gallego)
Rafa Molina llegó a Santiago en los primeros días del mes del septiembre de 2009. Eran aquellas jornadas frenéticas en las que, a prisa y corriendo, iba tomando forma el Xacobeo Blusens para cumplir el sueño de ver al Obradoiro en la ACB tras dos décadas de batalla judicial. Quedaba exactamente un mes para el inicio de la liga y el Obra no tenía ni 10 jugadores para hacer un entrenamiento en condiciones. Por eso el club incorporó de una tacada a tres jugadores que reforzarían los entrenamientos y, de paso, intentarían convencer a Curro Segura para ocupar una de las fichas libres. Dos de ellos -Xavi Ventura y Brock Gillespie- eran bases. El trío lo completaba un joven ala-pivot madrileño procedente del Estudiantes: Rafael Molina.

Molina comenzó a jugar en el equipo de baloncesto de Torrejón, el mismo club del que salió Santi Yusta. Y con 17 años dio el salto a la cantera del Estudiantes, en el que militó en el equipo junior y en el filial EBA. Allí coincidió con Richard Nguema y destacó por su capacidad para anotar y rebotear. Hasta que llegó el verano de 2009. "Tenía 19 años y decidí, junto a mi representante, que era un buen momento para dar el salto. [En el Obradoiro] se interesaron por mí como jugador joven, de rotación, y me dije que por qué no, que intentaría vivir de esto. Cogí las maletas y me fui para allá”", le contó Rafa al periodista Dani Barranquero en un artículo al que me referiré más tarde.

Molina aterrizó en Compostela con sus 2,02 y la oportunidad de pisar una cancha ACB. A lo largo de la temporada formó parte del filial (Óptica Val Obradoiro) de EBA. Su debut fue en la tercera jornada de liga, un 3 de octubre en el Lorenzo de la Torre contra el Feve Oviedo (18 puntos, 13 rebotes). El filial logró la permanencia en la categoría de forma holgada y el madrileño fue desde el primer día el jugador franquicia del equipo. De hecho, acabó la temporada promediando 16 puntos, 10 rebotes y 23,2 de valoración. Fue el segundo jugador más valorado en la fase regular del grupo A de EBA, sólo por detrás de un exterior del Marín llamado Michael Bonaparte, que para quien le interese está en la liga irlandesa.

En su etapa como canterano del Estudiantes
(Foto: ACB)
Pero de aquella temporada en Santiago, lo que mejor recuerda nuestro protagonista es sin duda su debut en la élite del basket. Molina reforzó los entrenamientos durante toda la temporada, especialmente cuando el virus de las lesiones inoculó en la plantilla y acabó dejando diezmado al Obradoiro en el peor momento posible. Y llegó su oportunidad: fueron dos minutos en dos partidos distintos, ambos en Fontes do Sar. Uno contra el Unicaja (tuvo 40 segundos en la victoria del Obra 83-66). El otro, en aquel triste cierre de temporada contra el Estudiantes. Inclusó lanzó dos tiros libres. La pena es que se salieron. Aunque siempre podrá contar que jugó en ACB y que vivió desde la cancha lo que significa la Caldeira do Sar o enfrentarse a jugadores como Jiménez, Berni o Freeland.

A principios de aquella temporada, en el estreno en Fontes do Sar, no llegó a saltar a pista aunque sí fue convocado. Y su madre le hizo una fotografía. Sobre esa foto (dándole la mano a Juan Carlos Navarro al término de aquel histórico Obra-Barça) gira el artículo de Barranquero, titulado 'Rafa Molina, el casting de la vida'. Lo del casting se debe a que Molina formó parte de la campaña promocional de la ACB al inicio de la temporada 2012-13. No os cuento más, el artículo merece mucho la pena.

En todo caso, Barranquero aprovecha el artículo para recordar la trayectoria deportiva de Rafa Molina hasta aquel verano de 2012. Una trayectoria marcada por las lesiones. De Santiago pasó a Menorca, que acababa de ascender a ACB y contaba con un filial en EBA para seguir fogueándose. Primer palo: se le salió el hombro en la quinta jornada, paso por el quirófano y adiós a la temporada. Tampoco fue mejor el siguiente año en un recién ascendido a LEB plata, el CB Las Rozas. Allí tuvo pocos minutos y por encima el club acabó desapareciendo. En esa temporada fue cuando tuvo claro que el basket iba a ser una forma de diversión, pero que su futuro profesional no estaría ahí.

Con el Menorca, temporada 2010-11
(Foto: ACB)
Desde 2012, Molina decidió instalar su campamento en EBA. Una categoría mucho más cómoda para poder compatibilizar el basket con los estudios o con el trabajo. Entre 2012 y 2014 estuvo en el Eurocolegio Casvi de Villaviciosa de Odón y en el Azuqueca de Guadalajara, dos lugares relativamente próximos a Madrid. Allí consiguió lo que más desea cualquier jugador: minutos y regularidad. Especialmente en la temporada 2013-14 con Azuqueca, en la que promedió más de 33 minutos en pista y 15 puntos por partido.

Todo iba bien y Rafa decidió dar el salto a un equipo con aspiraciones: el Alcázar Basket. Os sonará ese nombre porque Alcázar de San Juan es ciudad de baloncesto. Allí nació Antonio Díaz Miguel (para los más jóvenes, seleccionador español durante 27 años) y su equipo de basket llegó a jugar en LEB Oro durante una temporada. De hecho, coincidió con el Obradoiro en la temporada del ascenso e incluso se montó un viaje hasta allí en autobús por parte de la peña Zona Norte, algo meritorio teniendo en cuenta que Alcázar está a 750 kilómetros de Santiago.

Alcázar Basket había montado en el verano de 2014 un equipo con aspiraciones (de hecho, la siguiente temporada ascendió a LEB plata) y nuestro protagonista encajaba bien allí. Pero el fantasma de las lesiones graves volvió a aparecer. "Me rompí el ligamento cruzado anterior y los dos meniscos de la rodilla derecha", me cuenta cuando me puse en contacto hace unos meses. No tenía noticias de Rafa y quería saber si había dejado el basket para siempre.

En un entrenamiento con el Obradoiro
(Foto: ACB)
La respuesta en aquel momento (finales de 2015) fue que sí. Eran dos golpes muy duros que, sin embargo, le ayudaron a tener más claro su futuro extradeportivo. "A día de hoy me he retirado del baloncesto profesional y/o semi profesional... mi mentalidad y mis intereses han cambiado", me explicó. Lo deportivo estaba en un segundo plano y a cambio daba pasos importantes en lo profesional. Molina terminó la carrera (INEF) y encontró un trabajo relacionado con el deporte: "Ahora mismo estoy trabajando en el Reebok Sport Club de Madrid como entrenador personal y readaptador de lesiones y patologías".

Si echa la vista atrás, Rafa Molina asegura que vivió esa etapa deportiva su vida "con mucha intensidad e ilusión". Aunque reconoce que no ha tenido "mucha suerte". Y, en todo caso, esas lesiones le hicieron cambiar de enfoque y afrontar su nuevo futuro: "ahora la vida me pone otros retos por delante". Como tantos otros jugadores, nunca sabremos a dónde hubiese llegado Rafa de no ser por los problemas físicos. Un Rafa que, no lo olvidemos, llegó a participar con la selección española sub-18. 

La cuestión es que Molina sólo tiene 27 años. Y algo del gusanillo del basket siempre queda en el interior de cualquier persona que ha disfrutado con las canastas. Por eso, tras estar fuera de las canchas durante toda la temporada pasada, el Guadalajara Basket anunció su fichaje este verano. Rafa tiene familia en Guadalajara y esta ciudad está a tiro de piedra de Madrid.

Molina (arriba, el 1º por la derecha), esta temporada con el Guadalajara
(Foto: Guadalajara Basket)

El pasado sábado se produjo al fin su vuelta a las canchas. Más de un año después de su última lesión, pudo jugar casi 13 minutos en la derrota del Guadalajara Basket frente al Eurocolegio Casvi, uno de sus antiguos equipos. Rafael Molina García se ha caído varias veces y siempre se ha levantado. Con su edad y su trayectoria, creo que le queda todavía mucha cuerda en las pistas. Y si se vuelve a caer, pues volverá a levantarse. Es lo que tiene mezclar un espíritu luchador y el componente tan adictivo del baloncesto.

domingo, 24 de julio de 2016

Vamos a darle una sorpresa a nuestro amigo Tonecho Lorenzo. Por si queda alguien que no le conozca, Tonecho no sólo jugó 7 temporadas en el Obradoiro. También fue el entrenador del equipo cuando se le necesitó y ejerció de segundo entrenador, delegado, responsable de prensa y lo que hiciese falta. Por no hablar de su empeño en reunir cada año a los veteranos del Obradoiro en un partidillo seguido de una cena. Lo hace ahora y (lo más importante) lo hizo también cuando el club estaba en las catacumbas peleando contra la FEB. Pero... ¿cómo fue el estreno de Tonecho con el Obradoiro?
Plantilla del Obradoiro 1971-72
Tonecho, en la fila de arriba, el segundo empezando por la derecha
El debut de Tonecho con la camiseta del Obradoiro fue el 10 de octubre de 1971. Ese día jugaron en el Gimnasio de la Residencia el Universitario-Obradoiro y el Ademar de Vigo. En aquel Obra continuaban de la temporada pasada Caldas, Pilís y Pablo. Y uno de los que se estrenaban aquella mañana con el Obra era Tonecho, procedente del equipo junior del Bosco de A Coruña.

El estreno liguero del Obradoiro fue plácido. Los santiagueses vencieron 77-34 en un partido que los chavales dirigidos ese día por Nacho Barca dominaron desde el inicio. "Pronto se demostraría que el equipo santiagués tiene una plantilla realmente completa, ya que los cambios que a lo largo del encuentro se fueron sucediendo no hicieron perder nunca las riendas del juego", contaba la crónica de El Correo Gallego. Además de los ya citados, en ese Obra también estaban Pita, Ferrer, Emilio, Peleteiro, Cameron, Pepito...


Al descanso el Obradoiro ya dominaba 39-16 y la ventaja siguió creciendo en la segunda parte. Al parecer, la defensa zonal del Obra no dio opciones a los vigueses . Aunque el cronista del partido comentaba que "de todos modos el Obra ha de trabajar mucho en los entrenamientos". Se ve que ese trabajo sí se llevó a cabo, porque el club terminó la liga en segunda posición y consiguió clasificarse para la fase de ascenso a Segunda División, de la cual os hablaremos próximamente.

¿Y Tonecho qué tal lo hizo? Pues su debut como obradoirista no estuvo nada mal. Salió en el quinteto titular y consiguió 18 puntos, siendo el segundo anotador del partido tras Pablo (20). Y la crónica calificó su actuación de "excelente", en la línea de una temporada en la que se convertiría en uno de los referentes ofensivos del equipo junto a Caldas y Pablo.


Así fue el primero de los muchos partidos que jugó Tonecho con la camiseta del Obradoiro CAB hasta su despedida en 1978. Estuvo muy cerca de ascender a la actual ACB en 1976, lo cual hubiese sido un justo premio a un gran jugador y, sobre todo, a un buen tipo que ha hecho tanto por el Obradoiro. Una leyenda obradoirista que se empezó a forjar aquel 10 de octubre de 1971.

sábado, 25 de junio de 2016

Un litigio judicial de casi dos décadas fue el que permitió al Obradoiro acceder a la ACB y, de paso, trajo a Santiago esta competición en octubre de 2009. Desde entonces y hasta la fecha el Obra ha disputado en nuestra ciudad 103 partidos de esta competición, que como ya sabéis arrancó en 1983 dando continuidad a la antigua Primera División. Lo que resulta menos conocido es que el primer partido ACB que se jugó en Santiago no fue aquel inolvidable Obra-Barça. No. La ACB la trajo a Compostela... el Breogán!

La razón de que el Breo tuviese que jugar como local en Santiago tiene que ver con aquel famoso partido contra el Oximesa de Granada jugado en Lugo el día de San Valentín de 1987. Para los que no conozcáis la historia, hay cierta unanimidad en que el equipo lucense fue víctima de un garrafal error arbitral que terminó con la victoria del Oximesa por un solo punto (86-87). Aquí podéis leer algo más de aquel partido. Resumiendo: invasión de pista, intento de agresión a los colegiados... escándalo monumental. Y el Comité de Competición de la FEB decidió castigar al Breogán con tres partidos lejos de su Pabellón Municipal. Un Breogán que a esas alturas de la temporada se jugaba nada menos que el descenso de categoría.

Una imagen del Breogán-Español jugado en Santiago
El primer partido de aquel exilio breoganista se jugó en Ferrol contra el equipo barcelonés del Gin MG. Fue el 28 de febrero y terminó con victoria lucense (80-73). Era la penúltima jornada de liga. Pero el Breo perdió en la última jornada contra el Fórum en Valladolid y tuvo que disputar un playout por la permanencia de nuevo contra el Gin MG. Eliminatoria al mejor de cinco encuentros, con factor cancha para los lucenses. Ahí es donde entró en juego Santiago.

En la tarde del 12 de marzo de 1987 se jugó el primer partido ACB en la historia del basket santiagués, siempre teniendo en cuenta que la ACB nació en 1983 y por ello no incluimos la temporada 82-83, en la que el Obradoiro militó en la Primera División. El partido fue en el pabellón de Santa Isabel y con los rivales antes mencionados: el Breogán y el Español-Gin MG. La cancha estaba a rebosar porque se habían desplazado cientos de aficionados lucenses en autobuses y coches particulares. Y eso que el partido se disputó un jueves laborable! La afición del Breo respondía pese a los problemas que atravesaba en ese momento el club, que a principios de esa misma semana se había cargado al entrenador (Ángel Serrano). Su sustituto iba a ser Juan Prada.

Las crónicas hablan de 3.500 personas en Santa Isabel. Quizás no se llegase a esa cifra teniendo en cuenta que el aforo oficial del pabellón (el número de asientos) ronda los 1.500. Pero no es menos cierto que se habilitó el fondo con gradas supletorias, se instalaron sillas en el parqué y había gente en las escaleras y en casi todas partes. Una auténtica olla a presión que se fue calentando a medida que avanzaba el partido. Lo comprobaréis más adelante.

LAS PLANTILLAS

Las plantillas ACB de la segunda parte de los 80 estaban conformadas casi al 100% por una pareja de americanos (de la que a menudo dependía el éxito del equipo) y una legión de jugadores nacionales. Había equipos que, a mayores, contaban con algún jugador nacionalizado que no ocupaba plaza de extranjero, como por ejemplo Chechu Biriukov o Chicho Sibilio. No era el caso del Breogán ni del Gin MG: dos extranjeros y el resto, españoles.

En el equipo lucense la pareja de americanos la conformaban Art Housey y Rudy Woods. Y aquí estaba uno de los problemas del Breogán en aquella temporada, porque no era la misma pareja que había comenzado. El Breo inició aquella ACB 1986-87 con el hipermusculado Housey, un interior que procedía del Joventut y con cierto caché. Incluso había hecho un anuncio del Cola-Cao y eso, lógicamente, había incrementado su popularidad.

Pero la pareja de Housey al comenzar la temporada era un nombre que os sonará familiar, Victor Anger, con pasado ACB (Granollers) y que tres años después dio un rendimiento excepcional formando parte de aquel Obradoiro que se quedó a las puertas de la ACB por el lío de los pasaportes con el Júver. La cuestión es que el dúo interior lucense Housey-Anger no funcionaba y el Breogán optó por cortar a Anger en diciembre y traer a un cinco puro, Rudy Woods, mucho más corpulento.

Junto a ellos, formaban parte de aquel Breo el base Manuel Bosch (no confundir con el Manel Bosch que jugó en el Barça, y que curiosamente estaba en el equipo rival), Nino Morales, Manel Sánchez, Tito Díaz, Suso Fernández, Sacedo y Garrido. Enfrente, un Gin MG Sarriá liderado por su pareja de interiores americanos: el espectacular Willie Jones y el malogrado Mike Phillips, que como bien sabéis le dio bastantes pesadillas al Obradoiro unos años más tarde en el famoso playoff contra el Juver Murcia. Phillips venía de ser el máximo anotador de la ACB, casi nada. Y a ellos se unían Manel Bosch, un Santi Abad que empezaba a despuntar (en ese momento sólo tenía 17 años), Herminio San Epifanio, Albert Illa, Jordi Freixanet... Y Pepe Collins, claro, que dos años después iba a fichar por el Obradoiro.

PASÓ DE TODO

Las cámaras de la Televisión de Galicia fueron testigos de un partido que terminó con la victoria del Breogán (93-85) y en el que pasó de todo, dentro y fuera de la pista. La ACB se estrenó en Santiago con un duelo muy emocionante, resuelto en los minutos finales y que mantuvo en vilo a los cientos de lucenses desplazados a la capital gallega. Un duelo a muerte cuya acción clave se produjo nada más empezar el partido.

Minuto 3. Empate a 2 en el marcador. El españolista Mike Phillips recibe un golpe en la cara y cambia el partido por completo. Con el golpe se le ha roto una de sus lentillas y se le ha clavado en el ojo. Esto es algo que hoy en día puede parecer extraño, pero no lo era a mediados de los ochenta, cuando comenzaban a utilizarse las lentillas y su grosor era poco menos que el de una lupa. Sobra decir que el pobre Mike se vio obligado a abandonar el partido, una losa enormemente pesada para los intereses del equipo catalán. Jugar sin uno de sus americanos reducía las posibilidades de victoria de cualquier equipo ACB en aquella época. Y el Español no era una excepción.

Pero el lentillazo de Phillips no fue el único incidente que sucedió aquella noche en Santa Isabel. En el pabellón compostelano se encontraba también el presidente del Colegio Nacional de Árbitros, Ángel Sancha. Imagino que se encontraba allí para arrobar a los dos colegiados del partido, el fallecido Juanjo Neyro y el tinerfeño Angel Recuenco. La cuestión es que entrada ya la segunda parte el público se empezó a encabronar con el arbitraje. Entendía que estaba perjudicando al Breogán y ocurrió lo esperado: se armó la marimorena.

"El ambiente era tenso", cuenta la crónica de El Correo Gallego. "Un sector del público se fue poniendo de pie y el abucheo que recibió el señor Sancha fue de campeonato. El juego obviamente seguía, se hacía muy difícil mantener la atención de lo que sucedía en la pista y en el palco. El caso es que de éste desaparecieron Ángel Sancha y el alcalde de Lugo, Vicente Quiroga". Imaginaos esta escena en un pabellón pequeño y con la gente muy cerca de la pista, como sucede en Santa Isabel.

Pepe Collins, con la camiseta del Español
El caso es que minutos más tarde el alcalde volvió al palco y fue muy aplaudido por la grada. El cronista aclaró después que la salida del regidor se había debido a su disconformidad con el arbitraje que estaba sufriendo el equipo lucense (que acabó con 33 faltas cometidas y solo 21 recibidas), por lo que las autoridades se negaron a compartir palco con el representante arbitral. También se supo que alguien había lanzado un bote al palco. Lo que quedó claro es que Sancha no volvió. El Mundo Deportivo fue más contundente: "Sancha tuvo que dejar el palco porque le dijeron de todo y le arrojaron de todo". Un escándalo.

En lo estrictamente deportivo, el Gin MG fue incapaz de sobreponerse a la baja de Mike Phillips y acabó cediendo por ocho puntos. Es cierto que dio mucha guerra, y que cerca del final se acercó al Breo (79-74). Pero el equipo lucense se apoyó en sus americanos -55 puntos y 19 rebotes entre ambos- y en la inspiración de Bosch (11 puntos, 3/3 en triples) para llevarse el partido. De nada valió el esfuerzo extra de Willie Jones (37 puntos) para tratar de suplir la baja de su compañero.

Hay un dato curioso que refleja lo distinto que era el basket español en los 80 respecto al actual. En este partido Pepe Collins jugó los 40 minutos. No anotó y solo lanzó un tiro de campo! Es verdad que Pepe siempre fue un especialista defensivo. Pero cuesta imaginar que a día de hoy en la ACB pueda suceder algo parecido: que un jugador aguante los 40 minutos -ya se dan poquísimos casos- y que en ese tiempo no anote ni un punto.

¿Y DESPUÉS?

La primera experiencia ACB en Santiago estuvo llena de intensidad y emoción. Quién se iba a imaginar que para repetir unas sensaciones similares habría que esperar 22 años. Pero ese fue el tiempo que tuvo que pasar para volver a ver un partido de la máxima categoría del basket español en Compostela. Obviamente este tiempo pudo ser mucho más corto si la FEB hubiese dado la razón al Obradoiro en 1994, cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid falló a favor del club ya dirigido en aquel momento por Docobo y Mato. Pero esa es otra historia.

En cuanto al Breogán, aquella victoria en tierras compostelanas resultó estéril. Porque el segundo partido del playout -jugado en el pabellón de Riazor 16 días más tarde- terminó con victoria catalana, pese al desplazamiento masivo de seguidores lucenses hasta A Coruña. El Español también ganó los dos siguientes encuentros en Barcelona y el Breo acabó perdiendo la categoría un 5 de abril de 1987.

miércoles, 13 de abril de 2016

Este domingo el Obradoiro jugará en Madrid su partido número 200 en ACB. Dos centenares de encuentros en los que ha habido casi todo. Aquí tenéis una selección de diez partidos difíciles de olvidar, que podéis revivir a través del blog de Mirón. Y seguro que alguno queda fuera. ¿Con cuál te quedas?

1. El estreno (Obra-Barça 09-10)


Octubre de 2009. Sólo tuvieron que pasar 17 años para que el Obradoiro volviese a jugar un partido en competición profesional. El resultado (63-80) de aquella tarde histórica contra el Barça fue lo de menos. El Obra cumplía por fin el sueño de jugar en la ACB, ante su público y contra el vigente campeón de liga. En Fontes do Sar no cabía ni un alfiler. Y muchos de los presentes era la primera vez que veían al Obradoiro. Demasiado tarde, pero por fin se había hecho justicia. (Foto: ECG)

2. La salvación (Obra-Valencia 11-12)




Una tarde-noche de mayo inolvidable para toda la afición obradoirista. ¿Los motivos? Lograr la permanencia en ACB por primera vez en 42 años de existencia del club. El último cuarto de Oriol. Los triples de Corbacho y su camiseta de homenaje a Tonecho. La alegría tras la decepción unos días antes en Valladolid. Un Fontes do Sar a rebosar pese a ser día laborable. La única victoria (hasta la fecha) contra Valencia. Muchas razones ¿Cómo olvidar aquel 76-62? (Foto: Blog de Mirón)

3. La primera (Obra-Fuenlabrada 09-10)

Cuatro derrotas en los primeros cuatro partidos en ACB. Hasta que llegó el invicto Fuenlabrada a Sar y el Obradoiro consiguió su primera victoria en la élite. Un triunfo amplio (86-66) que servía como mensaje a navegantes: ese Xacobeo Blusens iba en serio. Algunos habían pronosticado en verano que el Obra sería la comparsa de la ACB. No sabían lo que vendría después, pese a una segunda vuelta que tampoco nadie esperaba. (Foto: ACB)

4. La sufrida (Manresa-Obra 09-10)





Fue un domingo por la tarde y no hubo más remedio que enterarse a través de la radio, porque la TV no estaba presente en el Nou Congost el día que el Obradoiro logró su primera victoria a domicilio en ACB.Vasileiadis y Bulfoni -siete triples entre ambos- se vistieron de francotiradores ese 8 de noviembre de 2009. Y así llegó una victoria poco lucida (62-72) pero que suponía un paso más en la consolidación del Obra como un equipo capaz de competir con cualquiera. Un triunfo de transistores (Foto: ACB)

5. La resurrección (Unicaja-Obra 11-12)



En el peor momento posible y en una cancha siempre complicada como el Martín Carpena. Así se produjo la resurrección del Obradoiro en la temporada 11-12. Un partido extraño, con una anotación paupérrima (la 4ª más baja de Unicaja como local en liga regular en toda su historia) y un susto en forma de desmayo de Ebi Ere. Pero aquel 54-69 supuso un punto de inflexión en una campaña que apuntaba a dramática y se acabó convirtiendo en histórica. (Foto: ACB)

6. El sueño logrado (Obra-Bilbao 12-13)



¿Sobresaliente o matrícula de honor? En la práctica, eso era lo que se jugaba el Obradoiro aquella inolvidable mañana de mayo. Una fiesta con final feliz. Juego coral con seis jugadores por encima de los diez puntos, entre ellos un maverick llamado Salah Mejri (12 ptos/14 reb). Y lo que parecía un sueño difícil de alcanzar pasó a ser una realidad. Aquel 79-73 coló al Obra entre los ocho mejores equipos de la ACB. El Obradoiro 2012-13 era equipo del playoff, dejando fuera al Unicaja. Una auténtica hazaña que, con el paso del tiempo, se valorará todavía más. Matrícula de honor. (Foto: Fruqui)

7. El prestigio (Barça-Obra 12-13)


"No os caguéis, lo tenemos". Cualquiera que viese aquel partido recordará las palabras de Moncho Fernández cuando el Obra rozaba la victoria en el coliseo blaugrana. Un triunfo (54-62) que acabó llegando a base de defensa -a día de hoy sigue siendo la menor anotación del Barça como local en toda su historia ACB- y que anticipaba una temporada inolvidable. Victoria de prestigio, la única conseguida en el Palau por un equipo gallego en la élite del basket español. (Foto: aquí)

8. La pesadilla (Bilbao-Obra 09-10)


No todo iban a ser tardes de gloria. Si hablamos de partidos difíciles de olvidar, el 98-58 de Barakaldo tiene que ocupar un lugar destacado. Es cierto que el drama pudo ser peor (-46 al final del tercer cuarto), triste consuelo para una afición hundida por la imagen ofrecida aquel 5 de abril de 2010. El Obradoiro estaba roto. Pintaban bastos. Fue la peor tarde posible con el Bilbao Basket como invitado. Aguantar hasta el final sin apagar la televisión fue muestra de obradoirismo pata negra. Una pesadilla. (Foto: ACB)

9. El derroche (Obra-Murcia 14-15)



Con 62 puntos entre el tercer y el último cuarto y dejando al rival en solo 18, el Obradoiro se hizo un hueco en la historia de los récords de la ACB. Una alegría inesperada que el Obra le regaló a su afición tras un inicio de segunda vuelta un tanto dubitativo. Es probable que nunca volvamos a ganar a un rival por 52 puntos de diferencia. Ni que lo doblemos en el resultado (104-52). Por eso conviene guardar en la memoria todas las sensaciones experimentadas aquel 14 de marzo de 2015.

y 10. El éxtasis (Obra-Real Madrid 09-10)


Para quien escribe, este es el partido más inolvidable de los (casi) 200 partidos del Obradoiro en ACB. Han pasado más de seis años desde el 13 de diciembre de 2009, pero algunos recuerdos de aquella mañana de domingo siguen muy frescos. Llegaba a Sar el invicto Real Madrid de Messina. Contra un Obradoiro construido -en lo deportivo- desde 0 en ese verano, y con el pivot titular lesionado. El resto es historia, porque ese 78-68 es patrimonio de todos los obradoiristas. Un milagro de esos que el basket regala de vez en cuando. Lo dijo Gigantes: "Gloria para el Xacobeo".