martes, 17 de abril de 2012

"La buena gente se nos va". Este fue el título elegido por un veterano periodista del The Boston Globe para encabezar un artículo en el que relataba con tristeza la muerte de Bill Collins. En la ciudad más europea de Estados Unidos, ese artículo sirvió a modo de pequeño homenaje para un jugador que había dejado huella en su baloncesto universitario. Pero la noticia de su desaparición pasó desapercibida en Santiago, pese a que Collins continúa siendo (hasta este próximo sábado, 21 de abril) el jugador norteamericano que más veces ha vestido la camiseta del Obradoiro CAB. Y hasta la renovación de Deron Washington y Bernard Hopkins, se mantenía como el único jugador USA que permaneció durante más de una temporada en el equipo santiagués. Con toda la modestia del mundo, sirvan estas líneas como reconocimiento a Bill... estés donde estés.

En un Feiraco-Cajamadrid de la temporada 86-87
Nacido en 1953 en Dorchester, una zona residencial al sur de Boston, William Collins va a dejar un importante recuerdo en la universidad católica de la ciudad, el conocido Boston College (BC). Había llegado a este centro tras su paso por una escuela de formación ya desaparecida, el Don Bosco, en la que se había convertido en su jugador más famoso. Es en esta época preuniversitaria cuando Collins forma parte de una generación de jugadores conocida como Los Seis de Boston. "Fue la cosecha de jugadores de Secundaria más importante de la ciudad", recuerda en el artículo Bob Zuffelato, entrenador del BC entre 1971 y 1977 y actualmente uno de los scout de Toronto Raptors."Nunca ha habido un grupo como ellos", asegura Zuffelato.

Con el 54, en el Boston College
(Foto: Boston College)
Pívot de los de antes acostumbrado a jugar de 4 o de 5 (era un 2,05), Bill Collins formó parte del Boston College desde la temporada 1973-74 a la 1975-76. En su primer año como freshman comenzó apareciendo desde el banquillo pero posteriormente se convirtió en el center titular de los Eagles, con los que disputó un total de 86 partidos. Era uno de los emblemas de aquel equipo, con el que llegó a jugar en la NCAA de 1975 (fueron eliminados por Kansas State) y que tuvo el honor de ser el capitán en su último año. Según recuerdan en el propio centro, Collins lideró el equipo en el capítulo reboteador en cada uno de sus tres años con los Eagles y siempre superó los dos dígitos de media. También se mantiene todavía como el octavo máximo reboteador de la historia de esta universidad (857 capturas) y quinto en porcentaje de tiros de campo (53,2%).

Aunque si por algo empezaba a destacar Bill Collins ya en su etapa universitaria es por su regularidad y solidez, y no tanto por actuaciones espectaculares. Es cierto que en el Boston College todavía se acuerdan de los 18 puntos que le metió a Furman en la primera ronda de la NCAA de 1975, pero probablemente sea porque ha sido un centro poco habituado a grandes glorias baloncestísticas. Más allá de eso, Collins antepondrá siempre el equipo y el éxito del colectivo al mérito individual.

Llega el momento de dar el salto al profesionalismo y los integrantes del Boston Six toman caminos distintos. Dos de ellos (el base Ronnie Lee, 1ª ronda del draft, y el alero Bob Carrington) llegan a pisar la NBA durante algunos años. King Gaskins (fallecido en 1994), Wilfred Morrison, Carlton Smith y Bill Collins no lo consiguen, pese a que Collins es elegido en la novena ronda del draft de 1976 por los Celtics. Pero nunca se pondrá la camiseta verde de Boston. Es el verano de 1976 y llega el momento de hacer las maletas y buscarse la vida fuera de Estados Unidos.

Salto a Europa: Venezuela, Suecia e Italia

La salida de USA supone el inicio de una etapa de once años en la que Bill centrará su actividad en Europa. Pero su primer destino es, curiosamente, fuera del viejo continente. El baloncesto venezolano tenía cierta capacidad adquisitiva hace 35 años y eso explica la presencia de Collins en los Cocodrilos de Caracas. No hay demasiada información al respecto, aunque sí consta que fue uno de los jugadores más destacados durante dos temporadas (de 1976 a 1978).

Más extraño resulta su siguiente destino: Suecia. Está claro que nuestro protagonista no notaba demasiado los cambios térmicos, porque la temporada 1977-78 la pasa enrolado al otro lado del planeta, en el Malbas de Malmoe. A estas alturas puede parecer sorprendente la presencia de un norteamericano a mediados de los setenta en el más que enigmático baloncesto sueco. Pero resulta que a Collins no es que le falten compatriotas. Es más: esa temporada compartirá vestuario en el Malbas con otros tres jugadores estadounidenses (Darryl Brown, Glenn Hudson y Richie Blue). Este último llegó a contar su aventura sueca en un periódico de Nueva York.

Con la camiseta del Obra, en un partido
contra Hospitalet (Foto: Manuel)
Pero la carrera de Bill Collins se consolidará enormemente en el verano de 1978, cuando ficha por un equipo italiano de la A2, el Rodrigo Chieti. Será el comienzo de una fructífera carrera en el basket de Italia que se prolongará durante cinco años y que le permite madurar como jugador y también como persona, al tiempo que se hace un nombre en el baloncesto europeo. Sus dos primeras temporadas las pasará en Chieti, una ciudad con una población de poco más de 50.000 habitantes. Allí se convierte en pieza fundamental del equipo y promedia en su primer año 22 puntos y 11 rebotes, consiguiendo casi un tercio de los puntos del equipo. Su rendimiento se mantiene en términos similares durante el segundo año (19-13), pero la posición del equipo mejora gracias a que ese año será compañero de un hombre que después se convertiría en leyenda del basket español, un tal Essie Hollis. Incluso hay vídeos prehistóricos en los que se puede ver jugar a ambos juntos.

No he encontrado un solo dato que confirme que Bill jugó en Francia en la temporada 80-81, como en teoría sucedió.

Gracias a un comentario anónimo en este blog sabemos que en la siguiente temporada (80-81) estuvo en Francia, en el Stade Français, un club de las afueras de París. Collins terminó aquella temporada como el tercer mayor anotador de la liga francesa con una media de 24,7 puntos por partido. Su club jugó además la Copa Korac y acabó la liga en quinta posición.

El periplo de Collins continúa al año siguiente en Italia con otra parada en el Sacramora Rimini. Allí permanecerá otros dos años en el club del que salió el mítico Carlton Myers. Y en la turística Rimini continuará haciendo gala de su regularidad: 18,6 puntos y 10 rebotes en su primera temporada (1981-82) y unas cifras similares (17,7 y 10) en la segunda (82-83). En ambos casos el equipo logra la permanencia en la A2. Su último año en Italia lo pasará en el Lebole Mestre de Venecia, el mismo equipo por el que años antes habían pasado Moncho Monsalve (duró tres meses al no obtener la licencia federativa) y el propio Essie Hollis. Fiel a su costumbre, Bill ofrecerá un rendimiento similar al de temporadas previas: 17,1 puntos y 10 rebotes.

El año del Clesa

Verano de 1984. Al agente que tenía Bill Collins, el conocido representante Luciano Capicchioni, le llega el interés de un equipo español por fichar al jugador. Era el Clesa Ferrol. "Le interesó la oferta que le hicimos, y eso que Bill tenía un caché alto en Italia", nos recuerda Jaume Ventura, entrenador del equipo ferrolano en aquella temporada 1984-85. El Mundo Deportivo publicaría a principios del curso que el Clesa había cerrado un contrato por 45.000 dólares.

Ventura resalta el sabor agridulce que le dejó aquella temporada al frente del equipo departamental. Ese año el Clesa disputó la copa Korac con un resultado más que digno. Alcanzó la segunda fase, lo que le permitió jugar contra equipos de la categoría del Varese o del Orthez (también contra el Renault Gante de Víctor Anger), pero la plantilla era demasiado corta para disputar con garantías las dos competiciones. "Ahora las cosas son distintas porque las plantillas son más largas; antes no era igual, cada viaje era una paliza, y más desde Ferrol...", destaca Ventura, con quien contactamos gracias a la ayuda de nuestros compañeros del periódico menorquín Última Hora.

Con el Clesa, en un cromo de la temporada 84-85. En el
apellido confundieron 'Collins' con 'Colling'
y no le
llamaban Bill, sino William (Recorte: Miguel Pereira
)
El paso de Bill Collins por A Malata deja unas estadísticas más que aceptables, pese a que otros jugadores hayan calado más en el recuerdo de la gran afición ferrolana. Es Bill el que le mete 27 puntos al Rácing de Malinas en la ida de la primera eliminatoria de la Korac. O el que anota 26 en Atenas contra el AEK o 30 en Varese. Tampoco falla en la liga regular: al término de la temporada figurará entre los primeros clasificados del trofeo Winston, que premiaba a los jugadores con mejor porcentaje de tiros de dos. Esa temporada logra más de 370 canastas.

Si en el rendimiento deportivo no hay objeción, mucho menos en lo personal. "Me dejó muy buen recuerdo; personalmente era extraordinario, una persona de las que hacía equipo", asegura Jaume Ventura, que lo define como un jugador "que no se complicaba la vida". "Jugaba dentro, reboteaba bien y hacía sus 10-12 puntos todos los partidos sin problema", añade.

Pero Collins no continuará en Ferrol. La temporada se empieza a torcer en noviembre tras un partido en casa contra Cajamadrid (88-90), en el que los 36 puntos de Bill serán insuficientes para ganar a los madrileños. Esa derrota obliga a los ferrolanos a jugar la segunda fase encuadrado en el grupo A-2 (para evitar el descenso) y varía el rumbo del curso. En marzo, el OAR confirma que la próxima temporada se quiere traer a otro jugador extranjero más contundente en la pintura, sobre todo en defensa. La única opción de que Bill permanezca en Ferrol pasa por conseguir la nacionalización del otro americano, un tal Nate Davis, que esa temporada acabaría siendo el máximo anotador de toda la ACB. Esa nacionalización no llega y, puestos a elegir, es evidente que le tocaba a Collins hacer las maletas. Su edad tampoco ayudaba y sus problemas físicos (sus rodillas y su espalda ya le empezaban a dar problemas) resultan definitivos. 
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Y Obradoiro: un gran epílogo

Cuando Feiraco Obradoiro anuncia en agosto de 1985 el fichaje de Bill Collins para afrontar su retorno a la Primera B es probable que desde el club se tuviese confianza en que daría con la tecla acertada y que se trataba de una apuesta segura. Pero quizás en Santiago no se contase con que ese jugador se convirtiría hasta abril de 2012 en el norteamericano que más partidos ha disputado en la historia del club, un total de 75 encuentros. Y lo más importante: tampoco se podía intuir lo muchísimo que lo echarían en falta más adelante el resto de sus compañeros.

El rendimiento deportivo de Collins en Compostela queda fuera de toda duda. En la primera temporada promedia 22,9 puntos en los 27 partidos que juega con el Obra. Algunos son auténticas exhibiciones, como los 34 puntos que le endosa a Hospitalet o los 33 que le mete a Lliria o a Tizona de Burgos. Pese a sus 32 años y a ser el único americano del equipo, se convierte en la referencia de una plantilla joven con la que la afición de Santiago vuelve a disfrutar del baloncesto. Al término de la primera vuelta es el máximo reboteador ofensivo de la competición. Bill no fallaba. Nunca lo haría.

Con el 10, su número en el Obradoiro, en
una foto firmada. (Foto: Manuel
)
Los guarismos se mantendrán en las dos temporadas posteriores, que a la postre serán las últimas de su carrera. En la 86-87 bajará mínimamente las medias (21,3 puntos por partido), en un año en el que Obradoiro llega a promediar más de 93 puntos en cada encuentro. Y en la última, la 87-88, hace gala de su regularidad (la que mantuvo durante toda su carrera deportiva) y repite exactamente el mismo promedio que en la anterior: 21,3 puntos. Pero más allá de lo deportivo, resulta imposible recordar las canastas y los rebotes de Bill Collins y obviar lo que supuso su paso por Compostela para la afición y sus compañeros.

"Era una persona excelente y un profesional de la hostia; muy serio en el trabajo, un tío de equipo... notamos mucho cuando se fue", reconoce Julio Bernárdez, entrenador del Feiraco Obradoiro en la temporada 1987-88. Era la tercera de Bill en el equipo. Habían pasado más de dos años desde su llegada a Compostela cuando a mediados de noviembre se marcha a Estados Unidos. Su madre acababa de ponerse gravemente enferma y su padre ya había fallecido. Cogió un vuelo, regresó a Boston y nunca más volvió. Y el Obra no se recuperó de su ausencia. Fue el inicio de una temporada nefasta que culminaría con el descenso de categoría. "Era un caballero, siempre pendiente de sus compañeros", nos relata Bernárdez.

Uno de los jugadores con los que Collins mantuvo más relación en Santiago fue Eduardo Echarri, ya que ambos eran vecinos. Echarri recuerda a Bill como un "americano europeizado" e ilustra esto con una curiosa anécdota. "Una noche, Bill me invitó a su casa a cenar; cuando llegué había preparado un pollo en pepitoria que estaba perfecto, y me ofreció un vaso de vino", nos cuenta. "No era el profesionalismo de ahora, no se establecen vínculos entre los jugadores; en aquella época el Obradoiro era un club diferente, éramos amigos", destaca.

Eduardo Echarri también tiene fresco aquel mes de noviembre de 1987. Una noche apareció Collins en su casa diciéndole que se tenía que marchar de forma urgente para Estados Unidos. En base a su confianza, le pidió que le guardase el coche y se hiciese cargo de las llaves. "Era un Mercedes blanco, con matrícula italiana; él me dijo 'ya me pondré en contacto contigo para recuperarlo', pero fue la última vez que hablamos", asegura. Era un coche con muchos miles de kilómetros y, para más inri, sin ningún tipo de documentación. Echarri trató de contactar con Bill para saber qué hacer con el coche. Incluso le mandó una carta. Y a falta de noticias, el vetusto Mercedes terminó sus días en una chatarrería.

Collins, tercero por la izquierda, en el Obra 1986-87. Un
equipazo que rozó el ascenso a ACB. (Foto: Obradoiro CAB)
Otro que convivió de cerca con nuestro protagonista fue el pivot Julio Torres, que con poco más de 20 años conectó perfectamente con un veterano como Bill. En esta relación ayudó mucho que hablase español sin problemas. "En aquella época ya nunca decía su edad; cuando se la preguntábamos, él se reía", nos confiesa divertido Torres, quien no duda en afirmar que "es de las mejores personas con las que he coincidido". Un extremo que corrobora una leyenda del obradoirismo, Mario Iglesias: "Bill Collins era grande, era persona en un mundo en el que lo que abunda es la gente".

Además de sus problemas en las rodillas, Julio Torres también tiene frescos los dolores de espalda que sufría Collins en la recta final de su carrera deportiva. Pero no es escondía. "Él se infiltraba para poder jugar", asegura. En sus dos primeras temporadas en Santiago solo se perdió un partido, y fue porque el equipo ya no se jugaba nada. "Bill Collins siempre sacaba la mano para darme una línea de pase; nunca se ocultaba, siempre aparecía", destaca Eduardo Echarri.

"Aquí juego con más alegría"

Me cuentan algunos de los que lo conocieron en Santiago que Bill le mandaba a su familia casi todo el dinero que ganaba con el baloncesto. Que no renunciaba a sus cañas con sus compañeros, pero que no era dado a lujos ni ostentaciones. Vivía solo y cuando su madre enfermó, cogió las maletas y "ni siquiera tuvimos tiempo de hacerle una cena de despedida", lamenta Julio Torres. Y nunca más hubo noticias sobre él. Eran otros tiempos. Contactar con alguien en Estados Unidos podía ser una odisea.

Con el 10 a la espalda, el número que siempre
llevó en el Obradoiro (Foto: Manuel)
Uno de los que sí tuvo contacto con Bill Collins en los últimos años antes de su muerte fue Bob Zuffelato. Es el ex-entrenador del Boston College quien le cuenta al periodista del The Boston Globe el fallecimiento de uno de los integrantes de los Seis de Boston, tras recibir una llamada telefónica de la mujer de Bill. Ambos vivían en una casa que se habían hecho en Las Vegas. La causa de la muerte, en junio de 2008, fue una embolia pulmonar. "Era un buen chico, uno de mis jugadores favoritos de todos los tiempos", recuerda Zuffelato.

Esta terrible circunstancia -Bill apenas tenía 54 años cuando falleció- nos impide contarle que su Obra intenta hacerse un hueco en la élite y que Santiago vibra otra vez con el baloncesto, como hace casi 30 años cuando él llevaba la camiseta número 10 del Feiraco Obradoiro. Pero nuestro amigo Manuel nos envía una joya con la que no contábamos: una entrevista que se le hizo a Collins durante su estancia en la capital gallega.

En ella, nuestro protagonista reconoce que le resulta más sencillo jugar en el viejo pabellón de Sar que en A Malata, tanto por la presión de jugar en una categoría superior como por sus compañeros. "La afición de Santiago es más flexible. En Ferrol es muy distinto. Había más dificultades y no se valoraba tanto mi trabajo (...) Aquí juego con más alegría; si capturo ocho rebotes ofensivos, marco seguro diez puntos (...) Mis compañeros son mucho más jóvenes, es un ambiente más cómodo", explica Bill en la entrevista.

Pero de las palabras de Collins se extrae también otra conclusión: que estaba a gusto en la ciudad. Aunque vivía en las afueras (en la zona de Os Tilos), destacaba la tranquilidad de residir en una ciudad tranquila. "Si quieres salir de noche lo haces sin problemas", confiesa, para acabar sincerándose con el entrevistador: "La verdad es que quiero seguir aquí en Santiago la próxima temporada".

Lo cierto es que sus deseos se convirtieron en realidad. Y William Bill Collins renovó en dos ocasiones, ofreciendo a la afición compostelana un trabajo sin alardes, basado en la regularidad y el esfuerzo constante. El mismo que le permitió convertirse en uno de los integrantes del Boston Six. El mismo que lo sitúa en un lugar más que destacado en la historia del Obradoiro CAB.

TRAYECTORIA
-1973-76: Boston College (NCAA)
-1976-78: Cocodrilos de Caracas (Venezuela)
-1978-79: Malbas Malmoe (Suecia)
-1979-80: Rodrigo Chieti (Italia-A2)
-1980-81: Stade Français (Francia)
-1981-83: Sacramora Rimini (Italia-A2)
-1983-84: Lebole Mestre Venecia (Italia-A2)
-1984-85: Clesa Ferrol (ACB)
-1985-87: Feiraco Obradoiro (1ªB)

*Con la inestimable ayuda de Jaume Ventura, Julio Bernárdez, Eduardo Echarri, Manuel y Julio Torres.