martes, 24 de diciembre de 2013

Cualquier obradoirista que cruce el charco y pase por Royal Oak, un suburbio al norte de Detroit, debería hacer una parada técnica en la pastelería situada en el 304 de S Main Street. Porque quizás tenga la fortuna de encontrarse allí con Maceo Baston. Sí, con Maceo Baston. Aquel pívot que pasó efímeramente por el Obradoiro en el otoño de 2010 hace tiempo que colgó sus zapatillas, y ahora se dedica al dulce negocio de promocionar el considerado pastel de moda en medio mundo: el cupcake. Si la ocupación más habitual de un exbaloncestista profesional pasa por seguir vinculado al deporte (bien como entrenador, bien en otras facetas como la representación deportiva), en este caso nuestro protagonista ha optado por una faceta más original y sobre todo más azucarada.

Maceo, tras jugar su último partido con el Obra
(Foto: Fruqui)
Taste Love Cupcakes es el nombre del establecimiento pastelero que en 2011 montaron Maceo Baston, su pareja (Yolanda Baston) y una socia capitalista (Michelle). Parece que el negocio va viento en popa y su pastelería no solo es una referencia en Royal Oak, sino que incluso ha participado en un curioso programa de televisión denominado Guerra de cupcakes, que en España se puede ver en el canal Divinity y que en Estados Unidos está causando furor.

Yolanda y Michelle, con unos suculentos cupcakes
El éxito que está cosechando junto a su mujer y su socia en el incipiente sector de la repostería no es el que obtuvo durante su paso por Obradoiro. Es más, Maceo Baston (un 2,11 tirando a ligero) tiene un hueco en la historia del club porque es el jugador norteamericano que menos tiempo pasó como integrante de la plantilla. Fueron apenas dos partidos. Sus clientes saborean las magdalenas de Taste Love Cupcakes, pero lo cierto es que la afición obradoirista apenas pudo disfrutar de un extraordinario jugador con un currículum brillante y nada anodino. No es que Baston dejase un mal sabor de boca en el obradoirismo: simplemente, no hubo tiempo ni para eso.

Maceo debutó con el Obradoiro en partido oficial en Girona, en la primera jornada de la LEB 2010-2011. Y siete días después puso punto y final a su experiencia en Santiago con una victoria frente a Melilla. Solo dos partidos. Casi 28 minutos. 8 puntos, 3 rebotes, 2 mates, 1 tapón, 9 faltas cometidas y 3 recibidas, 1 asistencia, 2 balones robados y 1 perdido. Todo ello, para 6 de valoración. Ese es el escaso balance que supuso el paso de todo un ex NBA por las filas del Obradoiro. Agarrándonos a la estadística, es cierto que se marchó de Santiago con un 100% de victorias. Aunque cae de cajón que no fue precisamente su aportación la causante del éxito en aquellas dos jornadas inaugurales de la LEB.

Con Deron Washington, el norteamericano que superó
 el récord de Bill Collins (Foto: Fruqui)
El motivo de que Maceo Baston no triunfase en Santiago es fácilmente deducible: su forma física. El estado de forma en el que llegó a Obradoiro aquel mes de septiembre no era el más idóneo. Tras dos jornadas, el jugador decidió utilizar una cláusula de su contrato para marcharse*. No se puede obviar que la carrera deportiva de Maceo encaraba su recta final -llegó a Compostela con 34 años- y que en ese fichaje había mucho riesgo. Pero tampoco se deben ignorar dos cuestiones: que su sustituto fue un Michael Ruffin recuperado para la causa, como ya hemos contado aquí; y que en ese vestuario ya estaban dos jugadores más veteranos todavía: Oriol Junyent (nacido el mismo año que Maceo) y Bernard Hopkins (tres años mayor que él).

¿Por qué era un riesgo fichar a Baston? Lo más llamativo es que llegaba a Santiago tras pasarse una temporada prácticamente en blanco. Una vez anunciado el fichaje bomba, la web Tubasket.com alertaba de que su estado físico despertaba "muchas dudas". "La pasada temporada sólo jugó un partido con el Budivelnyk Kyiv ucraniano: 5 minutos sin anotar ni rebotear", señalaba este digital, que no obstante reconocía el "golpe de efecto" del Obradoiro con este movimiento.

En los gloriosos tiempos de Maccabi
(Foto: Solobasket.com)
Y es que fue un bombazo el anuncio de que Maceo Baston jugaría en el Obradoiro y, por encima, en LEB. Por muy mal que estuviese físicamente el jugador, la afición compostelana iba a ver con la camiseta del Obra a un tipo que hace no tanto era uno de los mejores pivots del continente. Campeón de Europa con Maccabi en 2004 y 2005, y subcampeón en 2006. Máximo reboteador del equipo macabeo en las semis de 2004 (10 rebotes) y en la Final Four de 2005. Alguien capaz de llegar a 15 rebotes en una final de Euroliga (2006), o de meterle 20 puntos a Tau en las semis de aquel torneo. MVP de Euroliga (marzo 2006), 5 veces MVP semanal. Récord de tapones (6) en un partido de Final Four. Y más de 100 partidos en NBA, repartidos en 4 temporadas en Indiana y Toronto.

Durante su etapa en los Pacers, con el 9
Esta foto, con autógrafo, se vende en E-Bay
 
¿Cómo no iba a ilusionarse la afición del Obradoiro con este fichaje? Lo extraño sería no hacerlo. No conviene olvidar que ese verano había sido muy complicado en el ámbito institucional y que el club acababa de descender a LEB tras vivir en pocos meses una montaña rusa de sensaciones. De ganarle al Madrid de Messina y rozar la Copa del Rey a perder 16 de los 17 partidos de la segunda vuelta.
El resto de la historia no hace falta contarla porque es conocida. Maceo Baston se marchó, llegó en su lugar Michael Ruffin, Obradoiro ascendió a ACB y ahí permanece desde entonces. ¿Y Baston? Pues en noviembre de 2010 volvió de nuevo a Israel, el sitio donde más brilló en toda su carrera deportiva. Recaló en el Bnei Hasharon. Duró hasta finales de enero. Siete partidos en la tierra prometida para poner punto y final a una trayectoria profesional brillante, aupada tras ser elegido en segunda ronda por los Bulls en el draft de 1998 y en la que también influyó el hecho de ser elegido defensor del año en la CBA.

PASTELES, BALONCESTO Y SU HIJO

A sus 36 años, Maceo Baston dedica su tiempo a tres cosas: el baloncesto, su hijo y los cupcakes. Sobre esto último, hace meses venía a reconocer en una entrevista en la web de los Pacers que no tiene ni idea de las artes gastronómicas. El negocio va viento en popa pero no es precisamente por su destreza con la manga pastelera. "I'm not a baker", decía al respecto, aunque le reconocía al periodista Scott Agness que el tema de la cocina es "terapéutico" y que le permite seguir siendo competitivo. ¿Harán concursos de cocina los integrantes de la familia Baston al estilo MasterChef?

Sitio web de Taste Love Cupcakes, no apto para diabéticos
Parece ser que la idea de montar Taste Love Cupcakes surgió después de que Baston participase en el programa que desarrolla la NBA para que los exjugadores no se arruinen cuando dejan las canchas. Se trata de ayudarles a poner en marcha nuevos proyectos, y en este caso todo ha salido bien. La pastelería no solo funciona en el entorno, sino que incluso se están planteando expandirse por otras zonas de Estados Unidos. Una de ellas podría ser Texas, donde el jugador tiene familia. O Carmel, el barrio al norte de Indianápolis en el que vivió mientras jugaba en los Pacers.

Yolanda y Michelle, a las puertas de su establecimiento
La aventura empresarial no parece irles mal. Además de la amplia variedad de cupcakes que ofrecen a sus golosos clientes, la participación en el programa Guerra de cupcakes les puso en el mapa. Y no solo eso. Su presencia en el concurso fue todo un éxito y se llevaron un premio de 10.000 dólares. Lo que sueña cualquier emprendedor, vaya. El programa puede consultarse en Youtube. No se recomienda su visionado en horas previas a la comida o la cena.

Pero más allá de los cupcakes, Maceo Baston sigue vinculado al baloncesto como han hecho otros tantos jugadores tras dejar las canchas. Actualmente trabaja en el desarrollo de jugadores jóvenes, entre ellos su propio hijo, Maceo jr. El pequeño de los Baston defiende la camiseta del colegio Detroit Country Day School (en la camiseta se ven las iniciales DCDS), es un 1-2 que mide 6-6 y evidentemente se parece muy poco a su padre en el estilo de juego. Todavía está en edad junior. Queda por ver si seguirá los pasos de su progenitor y continúa sus estudios en la Universidad de Michigan.

Maceo Baston jr
(Foto: miprepzone.com)
Maceo Baston asegura que su primer amor (en lo deportivo) fue el fútbol americano. Ahora lo está del basket y ve en la figura de su hijo "el jugador que yo quería ser". Es de suponer que se referirá a la posición en la pista, porque para igualar el brillante palmarés de su padre lo tendrá complicado. Un palmarés en el que el Obradoiro tiene un hueco muy pequeño, casi imperceptible. Solo dos partidos. Pero siempre estarán ahí.

(*rectificación tras el aviso de Jose Martinon)

domingo, 1 de diciembre de 2013

Hoy toca una artículo cortito, de esos en los que una imagen vale más que mil palabras. La imagen es la que veis a continuación: la publicidad insertada en la prensa de Santiago en el verano de 1988. Así era la campaña de abonados del Obradoiro CAB hace 25 años para animar a la afición compostelana a no dejar de lado al equipo tras un verano muy convulso.


Contextualicemos: el verano había sido terrible para la entidad compostelana. El Obra acababa de descender a Segunda División tras perder en Andorra en el play-out de Primera B, en el que fue también el último partido de Mario Iglesias con la camiseta obradoirista. Y, a ante la ausencia de presidente, una gestora dirigía el club porque nadie se quería hacer cargo de él. El riesgo de desaparición era muy grande.

Sin embargo, en ese mes de agosto de 1988 todo cambió para el Obradoiro. En la presidencia aterrizó el conocido empresario palestino Ghaleb Jaber, propietario del Hotel Araguaney, lo que se tradujo en estabilidad (y capacidad económica) para el club. Y nada más llegar a la presidencia, Ghaleb puso en marcha una campaña para captar socios en la ciudad y alrededores. Hace un cuarto de siglo ya existían las "facilidades para el pago de las cuotas" y los distintos tipos de carnets en función de la edad y el núcleo familiar. El lugar para hacerse socio era precisamente el establecimiento hotelero situado en la esquina de Xeneral Pardiñas con Montero Ríos. Más en concreto, en las galerías de esta última calle.

Ghaleb Jaber llegó a la presidencia del Obra en 1988
(Foto: http://www.fronterad.com/)
Pero lo que más me impacta del anuncio es su línea argumental. A falta de miudiños y de connections, los ideólogos de la campaña optaron por un impactante y directo "EL OBRADOIRO CAB ¡RESURGE!". La elección me parece muy acertada teniendo en cuenta lo que sucedió aquel verano.Y los hechos han demostrado que la campaña surtió efecto, porque (una vez más) el Obradoiro protagonizó una resurrección institucional. En la siguiente temporada se quedó a una ronda de la ACB. Y unas horas antes de escribir estas líneas el equipo acaba de ganar por 4ª vez consecutiva en Illumbe. Por supuesto que resurgió!

lunes, 25 de noviembre de 2013

(Este artículo forma parte del número 1 de la revista SCQ Basket, que no os debéis perder!)

Con 441 partidos de la NBA (Bulls, 76ers, Jazz, Wizards y Bucks), 66 de la ACB y unos cuantos de la LEB a sus espaldas, Michel Ruffin se tiró al parqué del Pazo Paco Paz la tarde-noche del 2 de marzo de 2011 como si le fuese la vida en ello. La suya y la de su familia. Y su esfuerzo no fue en vano: recuperó el último balón, Obradoiro ganó aquel partido frente al COB y, pese a que hubo que esperar a la última ronda del play-off, finalmente consiguió el ansiado retorno a la ACB.

Ruffin, sobre el suelo del Paco Paz: el Obra va a ganar al COB
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Michael Ruffin se marchó de Santiago pocos meses después de la misma forma en que llegó aquel otoño de 2010: de puntillas, muy silenciosamente, sin estridencias. Aterrizó en Compostela como sustituto de Maceo Baston ya empezada la temporada y se marchó dejando al equipo en ACB y aportando su granito de arena en el éxito colectivo en forma de 2,7 puntos y 5 rebotes por partido durante los 40 encuentros en los que defendió la camiseta obradoirista. Fueron las últimas estadísticas de su carrera. No volvió a jugar al basket profesional o, mirando el vaso medio lleno, cerró una brillante trayectoria profesional con la satisfacción del deber cumplido.

A Ruffin lo encontramos ahora en Phoenix, a más de 800 millas de su Denver natal. Como tantos otros jugadores, sigue ligado al baloncesto. En la capital del estado de Arizona se mantiene ocupado entrenando a un equipo de chavales, aunque también ocupa su tiempo con su iglesia y con su amplísima familia. Porque de Ruffin también se recuerda su amplísima prole. “Acabamos de tener nuestro séptimo hijo, que nació el día de mi cumpleaños, el 21 de enero de 2013. Su nombre es Neriah”, nos cuenta.

Uno de los hijos de Ruffin, 'practicando' en Sar
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Precisamente, el número de integrantes de la familia Ruffin convirtió en poco menos que una odisea encontrar un piso en Santiago en el que cupiesen todos sus miembros. Un reto para el club, y más teniendo en cuenta que el norteamericano llegó a Compostela con la temporada ya iniciada, lo que reducía el margen de maniobra. Pese a las dificultades, la búsqueda dio sus frutos y el pívot y los suyos se establecieron en un apartamento situado encima de un conocido restaurante a las afueras de la ciudad.

Solventado ese pequeño problema logístico, el otro reto al que se enfrentó en Santiago fue el de recuperarse físicamente tras sufrir una importante cirugía meses antes. Una misión cumplida al 100% gracias al trabajo y la paciencia de los integrantes del cuerpo técnico del Obra, que se volcaron en la recuperación para la causa de un jugador que estaba cerca de cumplir los 34 años cuando llegó a Compostela. Ese es precisamente uno de los mejores recuerdos que guarda de su estancia en tierras gallegas: “Llegué recuperándome de una operación de rodilla y acabé celebrando un campeonato; Moncho fue un apoyo y nos llevó a ser el mejor equipo que podíamos ser”, rememora desde la ciudad de los famosos Suns.

Agarrado a Yao Ming en la época de los Bucks
(Foto: NBA.com)
Decir que Big Hustle fue decisivo para lograr el ascenso a la ACB sería, probablemente, faltar a la verdad y caer en el elogio fácil a un jugador que ya no está en activo. Y tampoco sería justo dadas las circunstancias, teniendo en cuenta que su presencia en Santiago vino a ser el epílogo a su carrera deportiva, recién recuperado de una lesión grave y lejos del rendimiento deportivo que lo convirtió en un tío capaz de tener casi 20 minutos por partido en los Bulls. Pero tampoco se debe minusvalorar el papel de Ruffin en aquel Obradoiro, cumpliendo en todo momento el rol que Moncho le asignó y aportando como plus la seriedad y la sobriedad marca de la casa. En Santiago también fue Big Hustle, o Ministro de Defensa, otro de los apodos que recibió durante la temporada

Acompañado de Oriol, Hopkins y Kendall, Ruffin asumió ese papel de dar minutos de refresco aportando intensidad defensiva y seguridad en el rebote, una de sus grandes cualidades junto al tapón. Para la memoria no sólo queda aquella recuperación en el Paco Paz. También esa otra imagen en la que, literalmente, levantó por el aire a un rival del Clínicas Rincón que tenía agarrado el balón. Ruffin levantó balón y rival al unísono.

En Burgos, junto a uno de sus hijos tras lograr el ascenso
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Pero, más allá del juego, el pívot de Denver también aportó veteranía y templanza en un vestuario totalmente renovado respecto a la temporada anterior, y que precisamente estaba muy necesitado de líderes y referentes tras la traumática experiencia de la ACB. El año anterior habían pasado casi 20 jugadores por el club, y el Obradoiro –entre otros problemas- careció de una voz autorizada que guiase la nave cuando llegaba la tormenta. Algo por otra parte lógico en un vestuario creado de la nada, algo poco menos que insólito en el deporte profesional.

Esta es quizás la faceta más desconocida de Michael Ruffin, la de un hombre rocoso que vivía el basket en silencio pero muy intensamente. Una persona que lo tuvo cerca en esa temporada rescata una anécdota que permite dibujar cómo era Ruffin como compañero e integrante del equipo.

Hombre de pocas palabras, resulta que el de Denver no hablaba prácticamente nada. Y todavía menos tras una dolorosa derrota en Huesca nada más empezar la segunda vuelta. Fue una semana de entrenamientos durísimos que terminaría con la final de la Copa Príncipe. Los jugadores estuvieron implicados al máximo y, en la final, el Obra acabó ganando la copa en un partido muy duro que Murcia dominaba al descanso. Y fue entonces, una vez terminadas las celebraciones, cuando Ruffin sí abrió la boca.

Machacando en Sar, en un partido contra Breogán
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Dirigiéndose a sus compañeros, Michael vino a decir que todos ellos habían entrenado muy duro durante toda la semana, que se habían dejado la piel y que gracias a ese trabajo el Obradoiro había ganado la Copa. A continuación, instó a todos a mantener ese nivel de entrenamientos hasta el final de temporada para poder conseguir el objetivo, un objetivo que finalmente se logró. Por la emoción del momento o por lo inusual de ver a Ruffin hablando en público, lo cierto es que todos le escucharon como si fuese el mismísimo Obama.

BUEN EPÍLOGO

Con el paso del tiempo, es muy probable que nuestro protagonista guardará un buen recuerdo de Santiago y del Obradoiro. Lo primero, porque fue y será –salvo sorpresa mayúscula- su último equipo como jugador profesional. Y a mayores, porque él mismo reconoce que se sintió muy a gusto en la ciudad. No duda en darle las gracias “a los fans y a la gente de Santiago, porque ellos no sólo apoyaron a nuestro equipo sino también a mi familia”. “Mi hija ha estado pidiéndome que volvamos a visitar Santiago para ver a los amigos que ella hizo; nos encantó nuestra estancia allí”, confiesa.

Celebrando la victoria en Ourense con Nguema y Bulfoni
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Aunque echando la vista atrás, Ruffin ya estaba presente desde 2009 en un partido histórico para el Obra. Fue en aquel Manresa-Obra de la temporada 2009-10, en el que el equipo santiagués consiguió su primera victoria a domicilio en ACB en toda su historia.

¿Y el futuro? Con tantos integrantes en la familia Ruffin, es inevitable preguntarse si alguno de sus vástagos seguirá sus pasos, los mismos que le llevaron a militar en 5 equipos de la NBA, dos de la ACB (Lleida y Manresa) y a colgar las botas tras pasar por el Obra. Ante esa pregunta, la respuesta vuelve a ser la cautela. Reconoce que le encantaría que el apellido Ruffin siguiese sobre las pistas. Y un buen candidato para conseguirlo podría ser su hijo Javon, que con solo 10 años ya está enganchado al deporte de la canasta. Pero nada de prisas ni de agobios: “Solo el tiempo lo dirá”.

Con Levon Kendall en el vestuario de Burgos. Acababa de
jugar sus últimos minutos como profesional
(Foto: http://obradoirobasketfoto-fru.blogspot.com.es)
Hace más de dos años que Michael David Ruffin, 2ª ronda del Draft del 99 por los Bulls, jugó su último partido como jugador profesional. Fue el día que el Obradoiro retornó a la élite en el pabellón El Plantío de Burgos, el mismo día en que el Ministro de Defensa daba por concluida su carrera deportiva. Y se marchó a Phoenix dejando el listón de la profesionalidad bien alto. Lo hizo sin hacer ruido, exactamente igual que cuando llegó.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Noviembre de 2013 será recordado como el mes en el que Nate Davis regresó a Galicia. Y más en concreto, a ese Ferrol en el que vistiendo la camiseta del OAR se consagró como una de las eternas leyendas del basket español, capaz de enseñarle a los aficionados cosas que nunca se habían visto. Un adelantado del tiempo de magia que acuñó la ACB... pero en los años 80. Nate ha vuelto a Galicia y en la memoria aparecen tres equipos, que cada quien ordena según sus vínculos: Askatuak, Valladolid y Ferrol.

Pero Nate Davis, al que Mario Pesquera definió como El Extraterrestre, también jugó en Obradoiro.

Poco se puede decir que no se haya dicho de este jugador único en la época en que llegó a España. Vuelvo a enlazar aquí la historia que escribió ACB.com hace años. También está colgado en la red un vídeo e incluso en este blog hablamos un poco del breve paso de Nate Davis por Compostela. Pero ahora quizás merezca la pena ahondar un poco más en la trayectoria de Nate durante las semanas que estuvo en Santiago durante aquella temporada 82-83, la única del Obradoiro en la élite hasta el retorno de 2009.

Nate, con el 12, en el Cotonoficio-Obradoiro
(Foto publicada en Gigantes que nos pasa Luis Ulloa)
Apenas dos meses duró la estancia de Nate en Santiago. Tiempo suficiente para dejar un recuerdo imborrable para todos aquellos que tuvieron el privilegio de ver en directo su salto infinito y su repertorio de tiro desde cualquier distancia (pese a que no existía todavía línea de 3) en el viejo pabellón de Sar. Fueron 12 partidos y un mate. El mate

Por contextualizar, Nate llegó a Obradoiro tras probar sin éxito en la NBA y para sustituir al lesionado Chuck Verderber, que se había roto el tendón en la quinta jornada frente a Fichet Joventut. Búsqueda de un recambio de urgencia. Cuentan los veteranos, entre ellos nuestro amigo Tonecho, que se pasó la bandeja en una improvisada asamblea de socios en la cafetería de Sar en búsqueda de liquidez para fichar. Así llegó El Extraterrestre a la ciudad del Apóstol.

El debut se produjo el 14 de noviembre en la pista de Manresa. Cuenta la crónica de El Mundo Deportivo que en tierras catalanas se vio a un Davis "fuera de forma", algo ciertamente comprensible cuando llevaba semanas sin jugar a la espera de una oportunidad. Los 20 puntos de Nate no sirvieron para ganar, como tampoco sirvieron los 22 que le endosó en los dos partidos siguientes al CAI en su debut en Compostela y al Estudiantes en Madrid. Esa fue la tónica general durante aquella temporada, en la que las derrotas (24) fueron unas cuantas más que las victorias (2).

El tiro en suspensión de Nate en el viejo Sar
(Foto cedida por Tonecho Lorenzo)
Una vez que Davis recupera su forma física se empieza a ver la mejor versión del jugador. Tras meter 20 puntos al que será su futuro equipo (OAR) y 25 al Barça en el Palau, llegan los mejores partidos de Nate Davis en su breve estancia en Santiago. El primero, el 18 de diciembre contra el Areslux Granollers de Chichi Creus, en el que el Obra roza al fin la victoria y Davis da su primer recital en Santiago: 40 puntos y un tapón que puso en pie al público. Un tapón de un tío que medía 1,94.

La siguiente exhibición -encadenará cuatro consecutivas- será en Badalona contra el Cotonoficio de Aíto. En vísperas de la Navidad, los 39 puntos de Davis tampoco sirvieron para llevar la victoria a Santiago. A ese partido ya no acudió el entrenador Todor Lazic, que ya había viajado a Yugoslavia por una repentina enfermedad pulmonar. Lazic nunca regresó a la capital gallega. Un problema más en una temporada llena de dificultades deportivas y extradeportivas.

En los primeros días de 1983 llegó la segunda y última victoria del Obradoiro aquella funesta e histórica temporada. Fue quizás la demostración de que, en otras circunstancias y con un poco más de suerte, el equipo hubiese podido luchar por la salvación. Los 32 puntos de Davis, unidos a la aportación de Modrego, Lomas, Carlos Pérez, Alberto Abalde, Pagés, Arturo Corts, Orbea, Aldrey, Abel Amón, Pepe Rivera y compañía, permitieron tumbar en Sar precisamente al exequipo de Nate, el Miñón Valladolid (103-102).

EL DÍA DEL REAL MADRID

Y llegó el Real Madrid. El día de Reyes de 1983. Sobre ese partido hizo El Correo Gallego una reseña durante la previa del legendario 78-68 en el que el Obra se merendó en la prórroga al Madrid de Ettore Messina. Ese día no hubo color (70-125) y la escuadra de Romay, Fernando Martín, Iturriaga, Delibasic o Brabender disfrutó de un auténtico paseo militar por Galicia. Pero de Nate Davis no resaltaré sus 26 puntos aquel día, sino EL MATE.

Ricardo Canosa estaba en Sar aquel día y no olvida lo que pasó. "Cerca del final del partido, iríamos perdiendo de 20 o más, la verdadera afición (los que no iban a ver al Madrid) hechos polvo viendo pasar los minutos, camino de lo ya esperado. Y de repente aparece ese Nate como diciendo "bueno joder, estos cabrones nos pasaran por encima, pero de nosotros no se ríe nadie". Coge el balón a ocho metros de canasta, se echa a correr, tira el balón contra la tabla, pega un chimpo de la ostia y hace un mate estratosférico. Todos sabíamos que era ilegal y Nate también, por supuesto, pero saltamos todos de nuestros asientos de haber visto aquello y salimos de allí con una sonrisa en la boca a pesar de la que nos había caído. Ellos pudieron ganar de 30 pero no pudieron parar la mejor jugada del partido", relata.

En aquel momento la situación extradeportiva de Nate estaba muy deteriorada. Los problemas de cobro se habían acentuado y antes de que terminase ese mes de enero ya había hecho las maletas para volver a Estados Unidos. Pero antes de irse todavía tuvo tiempo de dejar su huella para la historia. Fue el 15 de enero de 1983 en el viejo Sar ante el Basconia. Ese día, con 41 puntos, Nathan Davis consiguió la mayor anotación de un jugador del Obradoiro en la élite del basket español. Nunca ha sido superada y es probable que ese récord siempre quede ahí.

Así era Nate: volando y con la cabeza casi en el aro
(Foto cedida por Tonecho Lorenzo)
El último de sus 12 partidos con el Obra se produjo en Madrid el 23 de enero. Nate sólo jugó la primera mitad porque, según la crónica del día siguiente, pidió no salir a jugar por no estar centrado. Su mujer tenía problemas de salud, él alegaba que no podía enviarle dinero a Estados Unidos y finalmente cogió un avión de vuelta. Se marchaba así un jugador que le enseñó al público compostelano cosas nunca vistas antes. "Seguía asombrándonos tirando muchas veces de 8-9 metros, cuando no existía la linea de triple. Su referencia debía de ser la línea del medio campo, cuando la pasaba debía de pensar: "hala, ya puedo buscar un hueco para tirar". Al principio piensas ¿pero qué hace este tipo tirando desde ahí? ¿Está loco?, Pero luego ya te acostumbras y lo ves como normal", recuerda Ricardo.

La contribución numérica de Nate Davis al Obradoiro se resume en una media de 26,7 puntos por partido. Más allá de eso, también dejó en la memoria de muchos obradoiristas algunos recuerdos que 30 años después no se han borrado.

domingo, 3 de noviembre de 2013

A principios del mes de septiembre, la periodista de El Correo Gallego Cristina Guillén publicó bajo el título "Mario: el primer gran ídolo" una emotiva entrevista a Mario Iglesias Botia. Esa doble página, cuyo inicio se puede ver en la red, resume el lado más personal de un jugador que sigue ocupando un lugar privilegiado en la historia del club. Una figura sin la cual resulta muy difícil entender lo que fue el Obradoiro de finales de los 70 y de la década de los 80. Recogiendo el guante que lanza Cristina, me atrevo a abordar la trayectoria deportiva de todo un icono del obradoirismo.

Si Mario Iglesias tiene un sitio de honor en este blog es por varias razones, pero elegiré dos. La primera, porque es -probablemente y en dura competencia con Tonecho Lorenzo- el jugador que más partidos oficiales ha disputado con la camiseta del Obradoiro en competiciones profesionales. Y es que Mario logró algo histórico y que seguramente nunca será igualado fuera del ámbito amateur: participar en nueve temporadas distintas en el Obradoiro CAB. Casi nada.

Mario, con el 7 en un partido en Sar contra el Covadonga Gijón (1979)
(Foto: 'Bodas de Platino', de Luis Alberto Rey Lama)
La segunda razón es menos empírica y más de corazón, aunque también es demostrable. El eterno 11 del Obradoiro -aunque en sus inicios lució el 7- participó activamente en algunos de los partidos más importantes de la historia del club. Y en ellos dejó una huella imborrable para todas aquellas personas que tuvieron la suerte de verlo en directo. Con su 1,92 de altura y dos muelles en vez de piernas, fue sin duda un jugador con unas características poco usuales para la época. Algo que también le provocó numerosas dolencias físicas en las rodillas en forma de molestias y lesiones. Un problema que hoy tendría fácil tratamiento a base de prevención, pero que hace 30 años no era tan sencillo solucionar.

A Mario (A Coruña, 1960) lo encontramos ya en el Obradoiro en la temporada 1977-78. Tras pasar por las filas del Cotonificio de Badalona, llegó a Santiago cuando el Obra competía en la división de plata. Y pronto se ganó el cariño de la afición compostelana. En el viejo Sar, el obradoirismo fue testigo de la evolución de un jugador que era poco más que un chaval cuando se puso por primera vez la camiseta del Obra, y que mantenía su cara de niño cuando se marchó diez años después. Mario era todo intensidad y fuerza. Y talento, por supuesto.

Mario, con el 11, mira al árbitro
(Foto cedida por Tonecho Lorenzo)
Haciendo un repaso a la trayectoria de Mario Iglesias en el Obra se puede llegar a la conclusión de que los momentos dulces superaron a los amargos a lo largo de esas nueve temporadas. Él mismo ha reconocido que con sus problemas físicos difícilmente hubiese aguantado el ritmo de la máxima categoría. Quizás lo más justo hubiese sido que al menos Mario hubiese probado la ACB con la camiseta de su equipo de toda la vida. No obstante, puede presumir de haber vivido grandes temporadas con el Obra: un ascenso a la actual ACB (1982), un campeonato de España de Segunda División (1985) y varios años fantásticos en la Primera B con un Obra a un grandísimo nivel. Pero toca elegir.

Dos partidos. Dos partidazos de los muchos que convirtieron a Mario en ídolo obradoirista.

Primavera de 1981. El Obra se jugaba la permanencia en Primera B en un dramático último encuentro de liga frente al Porcelanas Santa Clara de Vigo. La mejor entrada de la temporada en el pabellón de Sar. Día del club incluido y 117.000 pesetas de recaudación en taquilla. Era el Obradoiro de José Antonio Gil, Boni Rodríguez, Eduardo Echarri, Julio Bernárdez, Manolo Vidal... Ese día Mario Iglesias fue el máximo anotador del partido. 26 puntos y una aportación decisiva para conseguir una victoria sufrida (90-87) y muy celebrada por el obradoirismo.

El clásico tiro en suspensión de Mario Iglesias
(Foto cedida por Tonecho Lorenzo)
25 de abril de 1982. Mataró. EL PARTIDO con mayúsculas de la historia del Obradoiro CAB. El mayor éxito deportivo conseguido por el club hasta el ascenso obtenido en el pabellón El Plantío de Burgos. Con el añadido de que el Mataró-Obra tuvo el componente épico de la remontada feliz para nuestro club. Aquella mañana a la actuación portentosa de José Antonio Gil (28 puntos) se le unió la de Mario, con 25. Siempre Mario. Siempre apareciendo en una cita clave, decisiva. El coruñés nunca se escondía y menos en los momentos determinantes, los que encumbran a los grandes jugadores y en los que más brillan los protagonistas.

Como ya hemos contado aquí, el famoso ascenso de Mataró revolucionó la capital gallega y desplazó a cientos de personas al aeropuerto de Lavacolla. Esa noche, Mario y otros jugadores fueron vitoreados y llevados a hombros como toreros dentro y fuera de la terminal santiaguesa. Momentos nunca vividos en Santiago y de difícil olvido para quien los ha protagonizado. Era el broche de oro a una temporada descomunal en la que llegó a protagonizar auténticas exhibiciones, como los 41 puntos que le endosó al Patronato de Bilbao.

Mario y Julio Bernárdez, recibidos como héroes en Lavacolla (1982)
(Foto: 'Bodas de Platino', de Luis Alberto Rey Lama)
Para comprender lo que significó nuestro protagonista en el Obra rescato una anécdota que me contó Javier Suárez hace tiempo, y que sucedió en la temporada de regreso a la ACB. Él y unos amigos se fueron a Málaga a ver el partido que jugaba en la costa del sol el Obra contra el Unicaja. Y a las afueras del pabellón sucedió lo siguiente. "Se nos acercó un señor de 50 y muchos años y nos preguntó si éramos del Obradoiro. Le dijimos que sí y nos estuvo contando que se acordaba de ver al Obradoiro jugar en Málaga en el Ciudad Jardín, y concretamente nos habló de Aldrey y de Mario Iglesias. De este último dijo que había sido uno de los jugadores que más le habían impresionado en sus más de 30 años de abonado del Unicaja", cuenta Javier. "Vamos, que era buenísimo física y técnicamente... que lo tenía todo para llegar muy arriba", añade. Habían pasado unos 25 años de aquello.

Pero la mejor forma de analizar las cualidades que tenía Mario para el basket es recordándolas. Y es en este punto en el que recurro a Mirón, autor de un blog imprescindible sobre los partidos del club. Gracias a él desempolvamos un fragmento de la entrevista que le realizó la TVG en el programa Reporteiros. Aquí no sólo podéis escuchar de boca de Mario su situación personal, difícil, en 2009. También aparecen algunas de sus clásicas jugadas, como el tiro en suspensión tras bote o su famoso reverso. Pertenecen a un partido entre el Obradoiro y el Tenerife jugado en el viejo Sar allá por 1986. Imágenes históricas que pertenecen a los inicios de las emisiones deportivas de la Televisión de Galicia.


Triste epílogo
Lo que sueña todo jugador es terminar su carrera deportiva en un club con un partido especial, bien porque se logre en él un éxito colectivo, bien porque sirva de homenaje a una trayectoria. Pero el último partido de Mario Iglesias con la camiseta del Obradoiro no guarda ninguno de esos dos recuerdos. Es más, se puede calificar de triste epílogo porque no fue la despedida que merecía un jugador que permanece en la memoria del obradoirismo menos joven.

Ocurrió en Andorra el 22 de mayo de 1988. El Obra disputaba el play-out con el Andorra por la permanencia en Primera B, después de una temporada irregular, llena de problemas deportivos y extradeportivos en la que Mario jugó buena parte de los partidos pese a estar lesionado. Con ventaja de 2-1 para el equipo del Principado, el Obra era un equipo desahuciado y a la deriva que acabó perdiendo ese cuarto partido por un estrepitoso 117-88, que implicaba el descenso de categoría. La hoja de servicios de Mario, la última con el Obradoiro, incluyó 7 puntos y su eliminación por 5 faltas personales. Lo dicho: un final inmerecido tras muchas temporadas vistiendo la camiseta del club santiagués.
Mario, volando en el viejo Sar
(Foto: Cedida por Tonecho Lorenzo)
Curiosamente, ese verano de 1988 -como tantos otros- resultó muy convulso para la entidad obradoirista. El descenso ganado en la cancha no se llegó a producir en los despachos y el club consiguió de nuevo plaza en Primera B por una serie de renuncias. Incluso cambió de presidente y dio la bienvenida al conocido empresario de origen palestino Ghaleb Jaber. Pero para llegar ahí hubo que esperar casi al final del verano. De hecho esos meses el Obra llegó a estar dirigido por una gestora. Todo era pura provisionalidad. Y uno de los integrantes de esa gestora, Luis Seoane, admitía en la prensa aquellas semanas que Mario no quería dejar el equipo. "Respecto a Mario Iglesias, el próximo día 5 [de julio] hablaremos con él sobre la posible rescisión del contrato. A Mario le gustaría quedar aquí", declaraba Seoane. El ídolo obradoirista terminó cambiando de equipo.

Lo cierto es que no era la primera ocasión en que Mario Iglesias dejaba el Obradoiro. Esa experiencia ya la había vivido en el verano de 1982. Apenas semanas después del legendario ascenso de Mataró, Mario confirmaba que no jugaría aquella primera temporada del Obra en la élite. La razón la ha explicado él mismo en varias ocasiones: sus rodillas no aguantarían el ritmo que iba a imponer el míster Todor Lazic. Conocía sus limitaciones y era consciente de que no era posible. Y se fue al mítico Bosco de A Coruña. Fueron dos temporadas lejos de Santiago hasta que en el verano de 1984 retornó a su casa para echar por tierra aquello de que segundas partes nunca fueron buenas.

Mario, arriba en el centro, con el Bosco de A Coruña (1983-84)
(Foto: Pepe Peinado)
Su segundo adiós sí fue definitivo. Tras el descenso de Andorra y ante la falta de noticias, Mario Iglesias hizo las maletas y se fue a Asturias. Encaraba así sus últimos años como jugador de baloncesto, primero en el Oviedo (temporada 88-89) y después en algunos equipos gallegos, como el Aguas de Mondariz vigués. Cuenta Cristina Guillén en su entrevista que acabó su trayectoria deportiva con cuatro ascensos y dos rodillas destrozadas que aguardan sendas prótesis.

"O querido Obra, o noso equipo", le dice Mario a las cámaras de TVG. Pero que nadie se confunda: si por algo se caracterizó este jugador fue su profesionalidad dentro y fuera del club. Buena muestra de ello sucedió el 11 de marzo de 1989. Ese día imaginamos que no tuvo que ser demasiado fácil para nuestro protagonista enfrentarse al Obra en el viejo Sar y meterle 19 puntos defendiendo la camiseta del Oviedo. Ni eso, ni ver como su aportación en la cancha facilitaba que su equipo del alma perdiese aquel día 79-108.

Sonriente, el primero por la izquierda, en el año del ascenso
(Foto: Cedida por Tonecho Lorenzo)
Pasaron los meses y el pabellón que le vio crecer fue derribado. El Obra se quedó a una ronda de la ACB, el jugador terminó su carrera profesional y el club santiagués estaba a punto de iniciar el periplo judicial más largo de la historia del deporte español. Sus caminos no volvieron a cruzarse. Pero lo que parece claro es que Mario Iglesias Botia no se ha olvidado del Obradoiro. Ni el obradoirismo se olvidará nunca de él.

domingo, 25 de agosto de 2013

Los compostelanos que allá por 1976 tenían uso de razón tuvieron la enorme suerte de poder ver en directo durante nueve días a una auténtica constelación de futuras estrellas del basket europeo. El viejo pabellón de Sar, propiedad del Obradoiro CAB, fue el lugar elegido para que algunas de esas estrellas diesen las primeras pistas de lo que iban a ser capaces de conseguir años después. No tardarían mucho en dominar las ligas domésticas del viejo continente e incluso las grandes competiciones internacionales. Ellos fueron algunos de los protagonistas del Campeonato de Europa Junior de 1976, celebrado íntegramente en Santiago entre el 4 y el 12 de agosto.

La competición estaba formada (cosa bien rara) por un número impar de equipos, un total de 13. Entre ellos estaba la selección anfitriona, que había conseguido la medalla de plata dos años antes en el torneo celebrado en la ciudad francesa de Orleans. Pero las grandes favoritas eran dos potencias del basket de la época: Yugoslavia, vigente campeona; y la Unión Soviética, que poco después sería capaz de encadenar cuatro campeonatos consecutivos. El resto de selecciones se repartían en dos grupos: el grupo A (con Yugoslavia, URSS, Israel, Grecia, Bélgica, Alemania Federal y Finlandia) y el grupo B, formado por España, Italia, Polonia, Turquía, Suecia y Bulgaria.

La selección española. Arriba: Aíto, Gaínza, Epi, Ferrer, Pinedo, Romay, Querejeta y Pinedo jr. Abajo: López Rodríguez, Costa, Solozábal, Garayalde, Salvo, Ansa e Iturriaga. (Foto: FEB)
Entre esa generación de jugadores nacidos entre 1957 y 1959 que disfrutaron del agosto compostelano hay algunos nombres imposibles de ignorar. Empezando por Vladimir Tkachenko (más de 2,20 de altura), que ese mismo verano defendería los colores de la URSS con el equipo senior en los Juegos Olímpicos de Montreal. En el equipo ruso también figuraban entre otros el fallecido Alexander Belostenny (que jugó en Zaragoza) o Andrei Lopatov, que además de ser un ala-pivot es actualmente el suegro de Kirilenko.

El gran rival de la URSS iba a ser Yugoslavia, que a la postre se convertiría en el vencedor de la competición alzándose con la medalla de oro en una final muy reñida. El equipo plavi aterrizó en Galicia con jugadores como el base Aza Petrovic (actual seleccionador de Bosnia y hermano mayor de Drazen), Miograd Maric (leyenda del Partizán) o Rade Vukosavljevic, uno de los integrantes del cinco inicial del torneo. Además, tampoco podemos olvidar que en el resto de equipos también había jugadores que llegaron a hacer una prolífica carrera en el basket. Un ejemplo: Panagiotis Giannakis, leyenda del basket griego.

Aza Petrovic jugó (y ganó) aquel Eujubasket con Yugoslavia.
(Foto: basketcase.blogosfere.it)
 
¿Y España? Pues la selección acogía una generación de jugadores que marcarían un antes y un después en el baloncesto español. Bajo la batuta de Ignacio Pinedo y Aíto García Reneses, el público compostelano animó sin parar al equipo de Epi, Romay, Solozábal, Iturriaga, Quim Costa, Querejeta... A ellos se les unían Garayalde, Gaínza, López Rodríguez, Ansa y Ferrer.

Quizás haya quien se esté preguntando si en esta historia hay alguna relación con el Obradoiro CAB, más allá de que el torneo se celebró en el que era su pabellón, flamantemente inaugurado dos años antes. Pues sí la hay. Porque entre los juniors españoles había un jugador del Obra. El equipo compostelano militaba en Segunda División pero en su cantera militaba un chaval vigués llamado a hacer carrera en la ACB. Y Quino Salvo puede presumir de formar parte de ese equipazo.

"Fue algo fantástico, la gente llenaba el pabellón y era un ambiente loco. En cuanto a los jugadores, siendo juniors ya estaban al máximo nivel", recuerda Quino, que nos atiende con gran amabilidad cuando nos ponemos en contacto con él. Fueron dos meses de preparación y de campeonato en el que compartió habitación con Solozábal, primero en un stage previo en Madrid y luego en el Hotel Peregrino de Santiago. "Hicimos un campeonato muy bueno", recuerda.
La mascota del Eujubasket de Santiago, una rana
Y es que España consiguió el bronce tras realizar un torneo muy brillante, en el que no faltó ni la mascota, una rana de la que nos han hablado históricos del basket compostelano como José Manuel Couceiro. En la primera fase, España consiguió un pleno de victorias tras vencer a Bulgaria (99-64), Turquía (60-58), Polonia (86-71), Suecia (73-59) e Italia (67-63). Ese inmaculado expediente le permitió a los juniors españoles acceder directamente a una de las semifinales, en la que el rival sería el segundo clasificado del otro grupo (Yugoslavia), que había perdido sólo un partido, contra la URSS.

Esa semifinal, jugada el 11 de agosto de 1976, suponía reeditar la final jugada dos años antes en Orleans. El resultado fue el mismo: victoria balcánica (en este caso, 78-68) en un partido muy igualado en el que los yugoslavos sólo pudieron abrir brecha al final del partido. De hecho, a seis minutos del final mandaba en el marcador España (60-59) pero finalmente la victoria cayó del lado yugoslavo.
Otra imagen de la selección española junior, en el pabellón de Sar
Cuenta la crónica de El Mundo Deportivo que fue clave "la notable desproporción en la estatura de uno y otro conjunto, el poder de rebote yugoslavo, la técnica individual y el dominio de toda suerte de lanzamientos a canasta". Todos estos factores "fueron minando el individual español, que además en ataque se vio muy controlado por los cambios de sistema de los yugoslavos", señalaba el periódico catalán.

Para la historia del deporte compostelano, la ficha técnica de ese partido:

YUGOSLAVIA (78): Stankovic (8), Aza Petrovic (6), Bogosavljev (12), Pavlicevic (6), Vukasovic (2), Sikiric, Ostojic, Pribanovic (4), Broric (24), Maric (8), Vukosavljevic (8).
ESPAÑA (68): Garayalde, Costa (11), López Rodríguez (17), Ansa (2), Gaínza, Epi (12), Romay, Iturriaga (16), Querejeta (10).
Árbitros: Alberti y Petterson, ambos de Suiza.

Finalmente España consiguió la medalla de bronce tras imponerse a Bulgaria en el partido por el tercer y cuarto puesto. Tras el palo del día anterior, el equipo de Pinedo y Aíto se repuso y barrió de la pista a los búlgaros en un pabellón de nuevo abarrotado. La primera parte estuvo igualada (41-38 al descanso), pero en la segunda no hubo color y España acabó imponiéndose por un claro 89-72. Como detalle, los once jugadores de la selección española consiguieron anotar. Iturriaga y Querejeta fueron los máximos anotadores, mientras que el obradoirista Quino Salvo logró tres puntos.

Podium de honor
(Foto: El Mundo Deportivo)
Precisamente, uno de los más destacados en ese partido fue el pívot Ricardo Gaínza, al cual localizamos en Cataluña. "Han pasado muchos años pero el Europeo de Santiago fue fantástico. Recuerdo la preparación que hicimos antes del campeonato, las calles de Santiago, la gente muy amable, los paseos por las calles cercanas al Obradoiro, el mercado del pescado... increíble!", nos cuenta por e-mail.

Pero Gaínza, cuya aportación fue clave en algunos partidos de aquel Eujubasket, también recuerda "los entrenamientos con Lombao, buscando siempre la naturaleza y pegándonos palizas...". "El campeonato fue muy importante para mí; tengo un gran recuerdo de Santiago, a ver si puedo, me gustaría volver", nos escribe.

Una final memorable 
El jueves 12 de agosto, el pabellón del Obradoiro acogió también la gran final del campeonato. Yugoslavia se tomó la revancha del partido jugado en la fase de grupos y consiguió vencer a la URSS, dándole la vuelta a un encuentro que al descanso dominaban los soviéticos (44-48). Los yugoslavos, comandados por un gran Vukosavljevic, terminaron imponiéndose por 92-83 con el apoyo del público gallego. El de 1976 era su tercer europeo junior consecutivo, tras los conseguidos en Zadar (1972) y Orleans (1974).

Al término de la final se dio a conocer el quinteto ideal del Eujubasket 1976. Además del MVP Vukosavljevic, también formaron parte del mismo Iturriaga, el búlgaro Arabadjiski (máximo anotador y que se debió de tirar hasta las zapatillas) y dos jugadores soviéticos: Kobzev y el gran Tkachenko. Este último se salió en la final (30 puntos) pero su exhibición fue insuficiente para que la URSS consiguiese el oro. Su reinado empezaría más tarde.

Los 20 huevos fritos de Tkachenko
Santiago acogió a principios de agosto un campeonato en el que brillaron algunas de las futuras estrellas del basket europeo. Pero también fue el lugar en el que se produjeron algunas anécdotas que, pese al paso del tiempo, siguen perdurando en la memoria de quienes las protagonizaron. Y en algunas de ellas está presente el propio Vladimir Tkachenko.

Tkachenko no logró ganar en Santiago
"Los españoles y los rusos comíamos en mesas separadas pero muy cerca unos de otros", recuerda Quino Salvo. "Yo estaba en una de las esquinas y Tkachenko en la esquina de la mesa de la URSS, muy cerca de mí; le vi desayunar en una misma mañana 20 huevos fritos y 10 yogures", relata.

Ricardo Gaínza también se acuerda del gigante soviético, un auténtico Gulliver en un campeonato en el que muchos todavía eran niños. "Cuando salía de la habitación era un espectáculo, la puerta le llegaba al hombro. Fernando [Romay] me dijo "joder, vaya tio!". Aunque Gaínza tampoco olvida lo enorme que ya resultaba Romay en comparación con sus compañeros: "Compartiendo habitación con Fernando, yo calzo un 49-50, y ponía mis zapatillas dentro las suyas... Jajaja....hasta los rusos le miraban los pies !!!", nos escribe.

Hasta aquí el primer capítulo del Eujubasket 76 de Santiago. Pero quedan todavía por contar anécdotas, historias y análisis de algunos de los jugadores que pasaron por Compostela en aquel inolvidable verano. Nueve días, trece selecciones y un ambiente baloncestístico inigualable.

martes, 13 de agosto de 2013

(Nota: Esta historia es obra de Javier Figueiredo y con ella abrimos este blog a artículos no relacionados directamente con el Obradoiro, aunque en ellos sí participan jugadores del Obra o son historias del basket santiagués)

Alba me comentó durante una de las muchas conversaciones que mantenemos en el Cañadoiro si recordaba a Alfredo Pérez, máximo anotador de la Liga Nacional en las temporadas 1970-71 y 1972-73. Lo cierto es que no lo situaba, por eso me fui a consultar la historia de la competición titulada Retazos históricos a 30 ligas (1957-1986), que en su día publicó Justo Conde en la ya desaparecida revista Don Basket. Todo esto os sonará más bien poco a los más jóvenes, pero lo cierto es que ahí nació esta entrada que, como veréis más adelante, sí está relacionada de alguna manera con la historia del Obradoiro CAB.

Alba es de A Estrada y lleva vinculada al baloncesto desde que tenía uso de razón. Me contó que Alfredo Pérez había fundado el Club Baloncesto A Estrada, pero que también fue jugador del club, aunque ahora le había perdido la pista. Recientemente un amigo de Vigo, Guillermo Suárez, a quien le doné hace algunos años mi colección de Gigantes del Basket y Nuevo Basket, me había enviado una foto de un All Star de Primera B celebrado en A Estrada en la temporada 1988-1989. Sin ser consciente de la repercusión que iba a tener se la remití a Alba. Era de una de las formaciones que jugaban aquel partido de exhibición, en la que estaba mi ídolo, Nacho Suárez, junto a Douglas Arnold, el otro jugador del Caixa Ourense convocado.

Equipo impar, del que formaban parte tres jugadores del Obradoiro
Arriba: Johnson (entr), Middlebrooks, Schultz, Allen, Wallace, Johnson, Stinnie, Arnold y Pesquera (entr). Abajo: Modrego, Abarca, Nacho Suárez y López Rodríguez.

 (Foto: Fernando Quintela / Basket 16)
Pero ahí también se podía ver, en el equipo del Grupo Impar (con camiseta roja), a varios jugadores obradoiristas como el macizo Levy Middlebrooks (al que se le dedicó un capítulo en este blog), Miki Abarca o Popocho Modrego, que se lesionó muy pronto y apenas pudo jugar, ya que recibió un golpe en una ceja y le tuvieron que dar cuatro puntos de sutura. Los entrenadores eran José Alberto Pesquera y Ed Johnson por el conjunto del Grupo Impar (con camiseta roja) y Ángel Navarro y Ricardo Hevia por parte del equipo Par (de amarillo), que ganarían el partido con un resultado de 116-113.

Equipo par, el vencedor. Arriba: Navarro (entr), Giomi, Wright, Allen, Jeelani, Winters, Hollis y Hevia (entr). Abajo: García, Toñín Llorente, Aguado y Solís. 
(Foto: Fernando Quintela-Basket 16)
Cuentan las crónicas que fue un partidazo en el que evidentemente los ataques se impusieron a las defensas, pero que todos los jugadores que pisaron la cancha del coqueto Pabellón Municipal de A Estrada, totalmente abarrotado para la ocasión con 1.000 espectadores en las gradas, pusieron mucho interés de su parte en una atractiva amalgama entre jóvenes y veteranos. Entre estos hubo varios jugadores que habían marcado una época en el baloncesto nacional, por lo que aún hoy parece sorprendente que hayan estado allí estrellas de semejante calibre como el helicóptero Essie Hollis, Abdul Jeelani, Voise Winters, Mike Schultz (que había jugado en Obradoiro un año antes) o Mike Giomi, del Oviedo. Este último se proclamó vencedor del concurso de mates.

Giomi, vencedor del concurso de mates
(Foto: Gigantes del Basket)
Y es que también hubo mates, participando Leonard Allen, Voise Winters, Phil Stinnie y Steve Wright, junto al citado Giomi. El vencedor del concurso se llevó un buen pellizco, 75.000 pesetas de la época (hablamos de hace casi 25 años), mientras que Allen y Wright lograron 50.000 y 25.000 pesetas, respectivamente, al quedar en segunda y tercera posición.

Lo que más curiosidad me ha causado era quienes estaban como miembros del jurado, con nombres más que conocidos para la mayoría de aficionados del basket gallego: el ferrolano Manuel Pardo (primer baloncestista gallego que fue internacional), el breoganista Miguel Bourio, Carlos Lamela (ex jugador del Breogán y ex entrenador del Obradoiro), Ricardo Docobo (ex presidente del Obradoiro) y nada menos que López Cid, ex jugador del Obra en los años 70.

Toñín Llorente, entrando a canasta
(Foto: Gigantes del Basket)
Volviendo al partido, Levy Middlebrooks fue uno de los destacados, por lo que resultó elegido por la revista Gigantes del Basket como el gigante del encuentro junto al gran Abdul Jeelani. El del Obradoiro logró 15 puntos, además de conseguir 11 rebotes (6 defensivos y 5 ofensivos), siendo el mejor de su equipo junto a Phil Stinnie (27 puntos), éste máximo anotador del All Star de Primera B celebrado en la tarde de un 7 de marzo de 1989. Modrego sólo disputó 4 minutos en los que apenas pudo destacar mientras Abarca jugó 20 en los que anotó 3 puntos.

Al margen de los extranjeros ya consagrados, estuvieron otros nacionales de renombre como López Rodríguez o Toñín Llorente, que dejaron muestras de su innegable clase. Todo un elenco de figuras de la categoría de plata del basket español que los aficionados estradenses pudieron ver pagando 800 pesetas (adultos) o 400 (los juveniles).

El partido fue retransmitido en directo por dos canales autonómicos, la TVG (que se encargó de la producción del partido) y por Canal Sur. Y además de la prensa gallega, también fue divulgado por dos corresponsales presentes en A Estrada: Mario J.Hernando (actual director de comunicación de ACB), enviado por la revista Gigantes del Basket, y Sixto Miguel Serrano, un histórico de Canal+ que ese día cubrió el evento para otra revista especializada, Basket 16.

Regresando al inicio de la historia y vinculando de nuevo la conexión Santiago de Compostela-A Estrada en materia baloncestística, hemos de recordar que allí dirigió a su primer equipo en categoría nacional Moncho Fernández, actual entrenador del Obradoiro CAB. El club ya había cambiado de nombre, denominándose E.D.M. A Estrada. Moncho procedía del juvenil de La Salle, ascendiendo a los estradenses a Primera Nacional desde Autonómica en la 1996-1997, en su segunda temporada en la localidad pontevedresa. Permanecería un año más, hasta que en 1998 decidía dar otro paso en su hasta ahora exitosa trayectoria deportiva. Con él ya estaba Fran Grela, que todavía hoy continúa al lado de Moncho como delegado del equipo.

domingo, 9 de junio de 2013

En el primer resumen sobre los colores que han protagonizado el Obradoiro conseguimos (con la ayuda de muchos de vosotros) hacer un repaso a la mayor parte de las camisetas que han utilizado los jugadores del Obra desde 1970. Pero gracias a la interacción que permiten internet y las redes sociales aparece el primer gran error. El verde! Quedaba por recordar el verde!

Ha sido Richie el que, a través de un comentario en este blog, nos ponía en la pista del fallo cometido. E incluso detallaba el momento en el que nuestro equipo utilizó el verde: los años ochenta. Una época en la que la cooperativa láctea Feiraco estuvo muy unida al Obradoiro CAB a través del patrocinio directo, poniéndole nombre al equipo y situando su mítico logo de la cabeza de vaca en la camiseta.

Lo prometido es deuda: aquí tenéis la camiseta blanca y verde del Obradoiro a mediados de los 80. Esta  foto corresponde en concreto a la temporada 87-88, un año bastante convulso que tocará analizar algún día en este blog. En la imagen podéis ver, de pie, a tres jugadores que forman parte de la historia del Obra en un lugar destacado: Mario Iglesias (11), Paco Dosaula (14) y Bill Collins (10). A su lado, el entrenador Julio Bernárdez.

Temporada 87-88, con la catedral al fondo
Primera demostración de que el verde tenía un gran peso en la camiseta obradoirista. En la imagen, sacada en la Alameda y con la catedral de fondo, podéis observar que el verde se utilizaba para todos los elementos de la camiseta: el logo y el nombre de Feiraco, el número, las rayas verticales, los bordes de la camiseta y pantalón y hasta las rayas de los calcetines. Sobra decir que el verde ha sido (y creo que sigue siendo) el color corporativo de la cooperativa radicada en Agrón (Ames).

En la foto se ve que el pantalón era blanco, a juego con la camiseta. Pero no siempre fue así y en otras temporadas el verde tomó mayor protagonismo. Incluso llegó a ser el color del pantalón en la primera equipación. Así sucedió en la temporada 1985-86, la del retorno del Obradoiro a la Primera B, como muestra la siguiente fotografía.

Temporada 85-86, con pantalón verde
Queda por comprobar si en esa época la camiseta suplente era también verde, ya que no ha sido posible verificarlo. Aunque no nos extrañaría, dada la importancia que tenía este color en esos años. Fijaos también que son verdes las camisetas del cuerpo técnico.

Y para terminar, una sorpresa con la que no contábamos y a la cual llegamos gracias al comentario de Lovelesss, que nos avisa de que en el foroACB aparecieron hace meses unas fotografías publicadas por una revista en las que el Obradoiro vestía con una equipación verde. A por ellas!

¿Reconocéis al protagonista? Es sin duda Victor Anger, el gran jugador que lideró al Obra de la temporada 1989-90, la del fatídico play-off contra el Juver Murcia. Esa referencia permite situar con precisión la época en la que se jugó con esa camiseta, porque el californiano Anger solo militó en el Obradoiro durante esa temporada.

Victor Anger, de verde
(Temporada 1989-90)
La combinación es peculiar: pantalón verde Feiraco, camiseta verde oscura y en ella dos franjas horizontales, una blanca y la otra del mismo color del pantalón. A todo ello se le suma el amarillo del número y del patrocinador, Araguaney, el conocido hotel compostelano propiedad del que fue  presidente del Obradoiro a finales de los 80, Ghaleb Jaber.

Esta camiseta es toda una sorpresa porque contamos con varias fotos de esta temporada (1989-90) y en ellas se ven dos equipaciones: una principal de color blanco y una segunda equipación azul, que es la que aparece en el primer artículo sobre los colores. De todas formas, es evidente que en esta temporada también se jugó de verde y que no tenía que ver exclusivamente con el patrocinio de Feiraco.

Seguimos indagando y esperando vuestras aportaciones!

sábado, 1 de junio de 2013

¿Cuántos colores han iluminado la camiseta del Obradoiro en sus más de 40 años de historia? ¿Hemos tenido una amplia variedad cromática o, por el contrario, hay que limitarse a los colores más básicos? A la espera de que nos mandéis fotos de las vuestras, ahí os va un breve repaso por algunas de las elásticas (antiguamente, no tan elásticas) que han protagonizado la historia de este club.

El color por excelencia del Obradoiro desde 1970 ha sido, y sigue siendo, el blanco. Las primeras camisetas del Obra fueron con ese color, aunque también iban acompañadas de unos bordes de color azul celeste. De hecho, este azul es el que el va a figurar en el pantalón, coincidiendo la equipación completa con los colores de la bandera gallega.

Primera plantilla del Obradoiro (temporada 1970-71)
Hay equipos que, a día de hoy, todavía no tienen claro cuál es el color con el que se sienten más identificados. Tenemos todavía reciente el ejemplo del Cajasol Sevilla. El equipo andaluz realizó el pasado mes de abril una votación entre sus aficionados para elegir el color que luciría en las camisetas de la entidad cajista a partir de la temporada 2013-14. Y la afición eligió el rojo y verde, colores originarios en tiempos pasados del Caja San Fernando. Atrás quedarán el rosa y el azul que vistieron al equipo sevillano en las dos últimas temporadas.

Sin embargo, el Obradoiro sí ha tenido un color de referencia en la mayor parte de su trayectoria deportiva desde 1970, aunque hayan variado los otros que lo acompañan en la camiseta. Por ejemplo, durante algunas temporadas el blanco estuvo acompañado del azul y del rojo-granate. Esa combinación es la que apareció en la camiseta del Obra durante la temporada del retorno a la competición profesional (octubre de 2009), como se puede ver en la foto de Nihad Djedovic. El jugador bosnio protagoniza la imagen porque también forma parte de la historia del Obradoiro: fue él quien consiguió la primera canasta del club en la ACB.

Djedovic, en el Fontes do Sar (Temporada 2009-10)
Esta misma combinación (blanco-azul-granate) la podemos encontrar también a mediados y finales de los 70. Así era la elástica obradoirista cuando, por ejemplo, el internacional puertorriqueño Jimmy Thorsden jugó en Santiago. Y es similar a la que ha adoptado esta temporada 2012-13 el Obra como primera equipación, con la salvedad de que en la camiseta actual las franjas de colores son más anchas y el azul celeste es más oscuro, tirando a azul marino.

Covelo, Bernárdez y Mario Iglesias
Nuestro amigo Julio Bernárdez, ex entrenador y ex jugador del Obra, nos lleva a la siguiente foto a través del libro Bodas de platino, de Luis Alberto Rey Lama. En la imagen de la izquierda aparecen con la equipación correspondiente a la temporada 79-80 un icono del obradoirismo como Mario Iglesias (7) y su compañero Covelo (12), mientras que Julio Bernárdez aparece a su lado.

Podéis comprobar cómo el blanco inmaculado seguía dominando en camiseta y en pantalón. En aquella época todavía no existía patrocinador en la camiseta (llegaría un poco más tarde) y eran las letras del nombre del club las que acaparaban todo el protagonismo. Eran otros tiempos muy distintos a los actuales.

Haciendo memoria, también vestía de blanco el Obradoiro en la última temporada en categorías profesionales antes de iniciar la travesía por el desierto. Fue en la campaña 1991-92, en la que el equipo compostelano retornó a la Primera B tras haber sido excluido en la anterior por una cacicada de la FEB. Una sentencia judicial obligó en el verano de 1991 a la Federación a situar de nuevo al Obra en la categoría que le correspondía por derecho, después de haber militado toda una temporada (la 90-91) en categoría autonómica.

En esa temporada 91-92 el blanco volvió a ser el protagonista en la camiseta, mientras que para el resto de elementos se optó de nuevo por el azul marino: en el escudo (como curiosidad, esta temporada se utilizó uno distinto al de siempre), en los bordes de la camiseta, en la marca (WS, desconozco cuál es) y también en el patrocinador, LA ONZA DE ORO. La conservera de A Pobra do Caramiñal daba nombre al primer equipo aquella temporada.

La foto de aquella camiseta la conseguimos a través de nuestro amigo Fruqui, siempre dispuesto a echarnos una mano. Y el que la sujeta ya os dais cuenta de quién es: Alfonso Chete Pazo, ex jugador de aquel Obradoiro (la camiseta era suya, lo recordaréis porque es la que llevaba puesta en la celebración del ascenso a ACB en 2011). A Chete también hay que agradecerle el buen ojo en la confección del Obradoiro 2010-2011, que militó en la LEB con jugadores como Andrés Rodríguez, Levon Kendall, Alberto Corbacho u Oriol Junyent.

Chete Pazo, con la camiseta de 1991
Olvidemos ahora el blanco. Si hubiese que elegir un segundo color fácil de asociar a la historia del Obradoiro, ¿cuál elegiríamos? Probablemente ese podría ser el azul. Es cierto que es un color muy ligado a los equipos deportivos gallegos (Deportivo, Celta, Compos, Breogán...) por aquello de que está íntimamente relacionado con Galicia a través de nuestra bandera. Una bandera que, por cierto, aparece reflejada en el escudo del Obradoiro CAB.

El azul, en sus distintas gamas, se ha venido utilizando como camiseta del Obradoiro en distintas épocas. Por ejemplo, el azul celeste estaba en el equipaje del club durante la temporada 1973-74, aquella en la que el Obra logró la permanencia en la Segunda División jugándose la vida en un Pabellón de Sar donde no cabía ni un alfiler. Esa permanencia se consiguió en un mítico partido frente al Vallehermoso de Madrid. Y el Obra, ese día, vestía camiseta azul celeste.

Obradoiro-Vallehermoso, temporada 1973-74

En la foto se puede observar (acercaos a la pantalla y usad lupa si es necesario) la combinación camiseta azul celeste-pantalón blanco del Obra, con los calcetines azules a juego. En aquellos tiempos el chándal del club era azul marino, tal como se encarga de demostrar con frecuencia nuestro amigo Tonecho Lorenzo, que sigue conservando una prenda histórica para el obradoirismo.

Alguna pista más de aquella camiseta azul la conseguimos precisamente a través de Tonecho Lorenzo. Es el eterno 14 del Obradoiro CAB el que protagoniza la siguiente fotografía, sacada en el antiguo Gimnasio Universitario de la Residencia. Aquella fue la primera casa del equipo santiagués hasta la construcción del viejo Pabellón de Sar, y es allí donde a Tonecho le están entregando un trofeo.

Tonecho, con la camiseta azul, recibiendo un trofeo (1973)
La foto es en blanco y negro pero se puede apreciar lo más importante: que la camiseta no es blanca. El color principal es el azul celeste y el diseño de la elástica es muy sencillo: el número cerca del corazón y las letras del club formando un semicírculo. Los bordes y el pantalón sí eran blancos.

Pero el celeste no es el único azul que ha utilizado el Obra en sus camisetas a lo largo de su historia. Podemos cambiar el azul celeste por el azul oscuro o marino y encontramos la actual 2ª camiseta del equipo. La elástica que lleva puesta Robbie Hummel va acompañada del granate y del blanco.

Hummel, en la temporada 2012-13
El azul vuelve a la camiseta suplente
Un azul de estas características también fue la segunda camiseta del Obradoiro en la temporada 1989-90, aquella en la que se jugó el funesto play-off contra el Juver Murcia. En esta fotografía que encontramos a través de Óscar Martínez (delegado del Obradoiro aquella temporada) lo podemos comprobar: el azul en la camiseta y el pantalón, y el blanco para el resto de componentes de la camiseta: el número, el logotipo del Concello de Santiago y el logo del principal patrocinador, Caixa Galicia. Aunque en aquella camiseta también había sitio para el amarillo.

Obradoiro 1989-90, con su camiseta suplente
Empezamos a tirar de memoria y las fotografías nos van sirviendo para confirmar que el azul ha estado muy presente en la historia cromática del Obradoiro. En una temporada histórica como fue la 1984-85, en la que el Obra consiguió el primer título de su historia (el campeonato español de 2ª División en Córdoba, del cual hablaremos otro día), la camiseta suplente también lucía un color azul idéntico al del pantalón. En la camiseta ya estaba Feiraco. La cooperativa láctea fue la principal patrocinadora del Obra durante buena parte de los años 80, mientras que en los 90 lo fue del Deportivo de A Coruña.

El Obra de la temporada 1984-85
Y conviene recordar que el azul también estuvo presente en la larga y dura travesía del Obradoiro por el desierto. Gracias al esfuerzo de las distintas directivas entre 1992 y 2009 el Obra siguió existiendo y hoy podemos disfrutar de sus éxitos. En esa época, la del Lorenzo de la Torre y los desplazamientos en coches particulares, el club se mantuvo fiel a sus colores de siempre.

La prueba gráfica la tenemos en la foto que nos manda otro fiel colaborador del blog, Chechu Yáñez, también ex jugador y ex entrenador del Obradoiro. En la camiseta se puede ver el patrocinio de Óptica Val, que durante varios años dio nombre al equipo senior.

El azul también estuvo presente en la travesía por el desierto
Pero el Obra también optó en su momento por el granate como color de referencia en sus camisetas. Hay que tener en cuenta que el granate es el color de la bandera de Santiago de Compostela, motivo por el cual está más que justificada su presencia en la camiseta del equipo.

El granate fue la camiseta que el Obra lució, por ejemplo, en la temporada 76-77. Así lo recuerda nuestro amigo Julio Bernárdez en Bodas de platino. En este libro, el ex entrenador del Obra cuenta la anécdota de que acudió en la temporada 2009-10 al Fontes de Sar con uno de sus hijos y que este llevaba puesta esa camiseta granate. Algunos aficionados obradoiristas quisieron hacerse fotos con esa joya, probablemente porque la recordarían (sobre todo los más veteranos) de verla unas décadas antes en el viejo pabellón de Sar.

Obradoiro, temporada 76-77
Volviendo a la época más reciente, el granate formó parte de la equipación suplente de nuestro equipo en la temporada del retorno a la ACB. La camiseta diseñada y comercializada por la firma gallega Trezze incorporó en blanco los dos patrocinios (Xacobeo 2010 y Blu:sens), mientras que el azul también aparecía en los bordes y en la franja vertical.

El granate, presente en la 2009-10 
Pero durante varias temporadas (a mediados de los 80) el Obradoiro también vistió de rojo. En la elástica se mantenía el patrocinio de Leche Feiraco pero la combinación de colores la convierten para algunos en una camiseta realmente bonita. Como podéis observar, la parte superior era roja y la parte inferior azul, mientras que en el medio había una franja horizontal de color blanco (otra vez los tres colores básicos del obradoirismo).

La equipación se completaba con el pantalón azul, a juego con el azul de la camiseta. Esta equipación fue la que vistió el Obradoiro en el Campeonato de España de Segunda División disputado en Córdoba en la primavera de 1985. El Obra de Mario Iglesias, Aldrey y compañía no solo obtuvo el ascenso a Primera B. También consiguió el campeonato de España de la categoría, primer título oficial de la historia del club. Esta foto nos la deja Jano Harguindey, otro integrante de aquel histórico equipo.

El Obra campeón de España de 2ª (1984-85) vestía de rojo
Pero blanco, azul y rojo no son los únicos colores que han estado presentes en la camiseta del Obra. Uno de ellos, poco conocido entre los obradoiristas (sobre todo los más jóvenes) es el amarillo. Este color, en una tonalidad más bien dorada, será el color principal de la camiseta durante la temporada 1982-83, la primera del Obradoiro en la élite del baloncesto español tras haber conseguido el famoso y ya narrado ascenso de Mataró.

Aquella camiseta dorada respetaba la esencia de las primeras camisetas del Obra, porque incluía las letras del club en forma de semicírculo. Como curiosidad, es el mismo modelo (en blanco) que utilizó Corbacho para realizar su réplica (un bonito detalle de homenaje a Tonecho, con el 14) en el histórico partido contra el Valencia Basket en Sar. Pero la de 1982 incluía una novedad: el patrocinio de Leche Feiraco.

Carlos Pérez, en el Palau (1982-83)
El amarillo-dorado guarda relación directa con el Obradoiro porque también forma parte del escudo del club. Si hacéis memoria, os dareis cuenta de que este color es el que aparece entre las tres grandes letras del escudo (C, A y B) y que igualmente fue el color elegido para pintar la red de la canasta del escudo.

Más extraño (por poco habitual) es el negro que se eligió para complementar la camiseta principal en la temporada 2011-12, y que incluso era el protagonista de la camiseta suplente. La elección de este color en las elásticas de la firma Macron causó en su momento cierta sorpresa en la parroquia obradoirista.

Como prueba gráfica, esta peculiar foto en la que aparecen los dos capitanes del Obradoiro en la temporada 2011-12 (Tuky Bulfoni y Oriol Junyent), histórica también por ser la primera en la que el Obra consiguió la permanencia en la ACB. La pista es la donostiarra de Illumbe, en la que nuestro equipo consiguió la victoria las tres veces que ha jugado allí.

Dos capitanes del Obra, en Illumbe (2011)
Y nos queda una duda por resolver. En la temporada 82-83, la primera que el Obra vivió en la élite, ya sabéis que el equipo vistió de amarillo-dorado. Pero también lució otra equipación que muy curiosa por su diseño, con una franja vertical que ocupa buena parte de la camiseta.

Lo podeis observar en la foto de El Correo Gallego, correspondiente a un partido que disputó el Real Madrid en el viejo Sar, probablemente en la temporada 81-82. ¿De qué color era esa camiseta? ¿Fue la oficial o una que se utilizó ese día en concreto? Queríamos resolver estas dudas.

Obra-Real Madrid, temporada 81-82
(ACTUALIZADO) Pero gracias a Ricardo Aldrey y a los comentarios de Abel Amón conseguimos ponerle "color" a aquella camiseta, utilizada efectivamente en la temporada del ascenso de Mataró.



Pero no fue esa la única camiseta de rayas que ha utilizado el Obradoiro en su historia. El Obra también fue argentino en algún momento de su vida y para ello, imitando a la albiceleste, se puso en su camiseta rayas blancas y celestes. Esta joya nos la envió el exjugador del Obra Emilio Rivas, al cual estamos también muy agradecidos.


El recorrido sobre las camisetas del Obra no acaba aquí: en este otro artículo analizamos la presencia que tuvo el color verde en la equipación de nuestro club.

Hasta aquí el repaso a algunos de los colores que han servido para pintar la historia del Obradoiro desde 1970. Seguro que quedan camisetas sin mencionar y por conocer. Si tienes alguna foto y nos la quieres enviar al mail del blog para que la compartamos (elobratienehistoria@gmail.com), estaremos encantados de recibirla y publicarla. Muchas gracias!