domingo, 30 de marzo de 2014

Un 30 de marzo fue el día que el Obradoiro rompió su gafe canario. En esa jornada, un espectacular triple de Ben Dewar y una posterior defensa de todo el equipo le dio al Obra una victoria clave en su lucha por entrar en los play-off por el título. Una temporada histórica con victorias de esas que no se olvidan. Como la que consiguió el equipo santiagués el penúltimo día de marzo de 2013 en el Centro Insular de Deportes.
Ben Dewar celebra el triunfo del Obra en Las Palmas
(Foto: ACB)
La victoria del Obradoiro frente al Herbalife Gran Canaria hace justo un año fue importante porque le dio alas al equipo en esa batalla por colarse entre los 8 primeros. El Obra se sobrepuso a los problemas de faltas personales (22 cometidas, 12 recibidas) y martilleó desde fuera (9/19 en triples) para asaltar el CID. Un inolvidable 70-72 con cuatro jugadores por encima de los 10 puntos (Hummel, Kendall, Dewar y Corbacho) y un esfuerzo colectivo inmenso para conseguir la victoria en una de las canchas más complicadas de la ACB. Un partido para volver a visionar...y disfrutar.

Y el triple de Ben Dewar incluso le sirvió al club para idear un concurso de imitadores... Entre el obradoirismo hubo quien se animó a recrear la canasta!


Pero esa victoria tuvo además un valor especial, porque permitió enterrar la leyenda negra del obradoirismo en el archipiélago. Las Canarias siempre han sido una tierra poco propicia para el Obra. Allí perdió un ascenso en 1976. Y las visitas al Náutico de Tenerife o al CB Canarias siempre eran sinónimo de derrota. De hecho, había que viajar hasta 1987 para encontrar una de las únicas victorias del Obradoiro en las islas afortunadas, en un partido contra el Salesianos de Las Palmas, un equipo que en la jornada 20 de aquella temporada 87-88 había perdido todos sus partidos. Tuvieron que pasar 23 años para que el Obra enterrase su gafe, pero valió la pena.

lunes, 24 de marzo de 2014

Un 24 de marzo como hoy, pero de 1990, el Obradoiro derrotaba al Cirsa Hospitalet (81-72) y se acercaba un poco más al play-off de ascenso a la ACB. Transcurría la jornada 27 de la Primera B y con esa victoria en el pabellón de Santa Isabel el Obra daba un paso importantísimo para colarse en las eliminatorias que daban acceso a la élite. Y eso que el Hospi contaba con un jugador de los que marcaron época en el basket español: un tal Essie Hollis.
Anger estuvo colosal contra Hospitalet
El partido fue dominado desde el principio por el Obra, que al descanso dominaba con claridad (47-32) gracias a la superioridad en la zona de la pareja de interiores Anger-Dosaula. Entre ambos sumaron 48 puntos aquel día y permitieron romper el partido. Pero las faltas personales empezaron a hacer mella en el Obra y el Cirsa Hospitalet se acercó peligrosamente en la segunda parte. A falta de dos minutos la ventaja se había reducido a solo 5 puntos (76-71).

En esa remontada tuvo que ver el gran partido de Essie Hollis. El legendario jugador de Erie (Pennsylvania) había colgado las botas unos meses antes pero a mitad de esa temporada 1989-90 decidió aceptar la oferta del Hospitalet y volver a las canchas. Ese día dio en Santa Isabel una de sus últimas lecciones sobre la pista: 26 puntos y 9 rebotes. En ese Hospi también estaba un joven Eduardo Piñero, un alero que llegó a disputar casi 200 partidos en ACB.

Essie Hollis, en su etapa en Askatuak
(Foto: Askatuak.com)
Pero Hollis no fue suficiente. Y el Obra se sobrepuso con templanza a los problemas de falta y al acercamiento del Hospi. Entre Anger (27 puntos, 20 rebotes) y Dosaula (21 pt/6 reb) guiaron al Obradoiro hacia la victoria, ayudados por los hermanos Solsona -entre ambos sumaron 17 puntos-, Collins (9), Criado (4) y Morella (3). La victoria se quedó en Santiago.

viernes, 21 de marzo de 2014

Cogemos la máquina del tiempo y nos trasladamos hasta 1976 para recordar uno de esos partidos inolvidables en la historia del Obradoiro. Un 21 de marzo como hoy, el Obra recibía en el viejo Sar al primer clasificado de la Segunda División, el todopoderoso Dicoproga de San Sebastián. Es cierto que el equipo vasco llegaba como máximo favorito al ascenso de categoría tras un balance de 15 victorias y solo 4 derrotas. Pero los donostiarras no contaban con un Obra que, espoleado por la afición y en un momento de forma impresionante, acabó tumbando al líder (69-64).

Plantilla del Dicoproga en la temporada 1975-76
(Foto: Archivo Askatuak)
Del Dicoproga ya hablamos en este blog en una ocasión, al hacer un repaso sobre los equipos vascos que se habían enfrentado al Obradoiro. En realidad el Dicoproga era el nombre comercial del famoso Askatuak, rival del Obra en los 80 y los 90. Pero lo realmente sorprendente es que aquella temporada 75-76 fue la primera en la historia del club donostiarra. Y ese debut fue a lo grande, sin duda.

Entrenados por el mítico José Antonio Gasca -una persona clave en el basket español durante muchos años-, el Dicoprogra era un equipo de nivel liderado por un alero norteamericano, Ed Robota (arriba, el primero por la izquierda), del que cuentan que lo hacía todo bien: anotaba, defendía y reboteaba. En esa plantilla también destacaba el gigante Segundo Aspiazu, con una envergadura descomunal como se puede comprobar en la siguiente foto. Otros jugadores eran Jesus Mari Pérez, Aramburu, Gonzalo Bermejo...

Aspiazu era el jugador más alto de Dicoproga
(Foto: Archivo Askatuak)
Era su primer año como club pero los vascos sabían cuidar los detalles: al término de los partidos como locales daban txistorra a sus aficionados. Y no podía faltar la txapela en el escudo del club! El emblema del Askatuak aquella temporada era el alero Ed Robota, que se hartó de meter puntos.


Pero el Dicoproga se encontró en el viejo Sar a un Obradoiro muy distinto al que había empezado la temporada. En las primeras jornadas de competición al Obra le costó arrancar. Incluso hubo cambio de entrenador. Pasadas las navidades el equipo compostelano ya carburaba. Y aquel 21 de marzo de 1976, el Obra saltó al parqué de Sar tras encadenar tres victorias consecutivas y con ganas de dar guerra.

El máximo anotador del Obradoiro era el puertorriqueño Jimmy Thorsden, que promediaba más de 16 puntos por partido. Junto a él, una plantilla de nombres inolvidables para la afición obradoirista: José Antonio Gil, Tonecho Lorenzo, López Cid, Lorenzo Motos, Caso, Quino Salvo, Alfredo Domínguez, Conde, Abeijón, Pita... Con José Manuel Couceiro y Pepe Casal en el banquillo. Un EQUIPAZO.

El Obradoiro 75-76, el que tumbó al líder en Sar
(Foto: Tonecho Lorenzo)
El partido no tuvo una anotación espectacular (69-64) pero sí fue "un encuentro de gran calidad", como relató la prensa al día siguiente. Por momentos el público se puso en pie viendo las jugadas de ambos equipos. Y lo mejor es que la victoria cayó del lado obradoirista pese al partidazo de Ed Robota, que logró 28 puntos. La anotación del Obra ese domingo se repartió entre Jimmy Thorsden (17), Gil (12), Caso (12), Domínguez (6), Tonecho (4), Conde (6), Motos (8) y Quino Salvo (4). También jugaron Pita, Abejón y López Cid.

Una imagen del Obradoiro-Dicoproga jugado en Sar
(Foto publicada por El Correo Gallego)
Aquel 21 de marzo el Obradoiro sumó su cuarta victoria consecutiva y empezaba a ser considerado un rival temible. La racha continuó e incluso llegó a acariciar el ascenso a Primera División. Hubo que esperar unos cuantos años para conseguirlo, aunque la afición obradoirista sí disfrutó aquel día del placer de tumbar a todo un líder. Un equipo que por cierto acabaría ascendiendo varias jornadas después a la actual ACB.

martes, 18 de marzo de 2014

La temporada 1982-83 fue la primera en la que el Obradoiro compitió en la élite del baloncesto español. La gran oportunidad de poder estrenarse contra los grandes tras 12 años de existencia. Se había logrado el ascenso en Mataró y ahora Santiago vería al fin al Obra competir contra Real Madrid, Barça, Estudiantes, Joventut... Y dos personas que vivieron con intensidad aquellos partidos desde la grada fueron los hermanos Taboada.

Marcos tiene el detalle de enviarnos su carnet de aquella temporada. Gracias a este recuerdo de hace 32 años descubrimos que el abono para un chaval valía 4.000 pesetas, más las 200 pesetas por la reserva de asiento en el viejo Sar. Era el precio de ver en directo al Barça de Epi y Solozábal, al Madrid de Brabender y Fernando Martín... Y a Nate Davis con la camiseta del Obra! Con este carné también descubrimos que en aquel momento el Obradoiro superaba de largo los 1.300 socios.

Además del carné, en aquellas temporadas el abonado recibía una cartilla de hojas correspondientes a cada partido de esa temporada. En ella, Marcos iba apuntando el resultado de cada partido. La de la imagen se corresponde al encuentro Obradoiro-Miñón Valladolid, uno de los 12 partidos que jugó Nate Davis con el Obra y el único en el que El extraterrestre se llevó la victoria. Fue por un ajustado 103-102, como se puede comprobar en la imagen.


Pero Marcos también me envía el carné que esa misma temporada tenía su hermano Ricardo. "Con menos de 10 años ya iba a ver al Obradoiro, y si yo fui esos años a ver esos partidos es por una persona muy especial para mí, mi hermano mayor Ricardo: él era el mayor aficionado del Obra que conozco", me cuenta. Los carnés hablan por si solos: ambos se renovaron en el mismo día, y los números son consecutivos. Si Marcos era el socio 1.306, su hermano mayor tenía el 1.307.

A diferencia del abono cadete, el abono senior costaba casi el doble: 7.000 pesetas.

Ricardo falleció hace dos años por un infarto. Marcos me cuenta que tras el retorno del Obra a la ACB su hermano "no iba a los partidos porque se emocionaba mucho, pero los veía todos por la tele". Y a él le debe sus primeros recuerdos obradoiristas, acudiendo al pabellón con su hermano y la pareja de éste, Isabel. "Me llevaba en su viejo escarabajo blanco a los partidos del viejo Sar", relata Marcos.

Sirvan estas líneas como homenaje para todos esos obradoiristas que, como Ricardo, ya no pueden acudir al Fontes do Sar pero contribuyeron a engrandecer al club con sus ánimos en algún momento de la historia. Y que, seguro, siguen celebrando los éxitos del club estén donde estén.

(Gracias a Marcos Taboada por enviarnos los carnés y contarnos esta historia)

lunes, 17 de marzo de 2014

Un 17 de marzo como hoy, pero hace 24 años, el Obradoiro conseguía una importante victoria en Lliria que le permitía seguir luchando por colarse en el play-off de ascenso a la ACB. Transcurría la parte final de la temporada 1989-90 y ese triunfo supuso un paso importante en las aspiraciones del Obra, que acabó colándose por méritos propios en la lucha por el ascenso tras un gran trabajo. Lo que pasó después es de sobra conocido.
Plantilla del Obradoiro en la temporada 1989-90
En esa jornada 25 el Obradoiro visitaba tierras levantinas para enfrentarse a un clásico del basket español, el Choleck, que poco después ascendió a ACB. El partido fue muy complicado pero la victoria acabó viajando a Galicia (87-89), gracias entre otras cosas al espectacular acierto desde la línea de 3: un 70% gracias a 7 aciertos de 10 intentos. Un porcentaje casi imposible de encontrar en un partido de basket hoy en día. Y aunque es cierto que hoy en día se tira de tres mucho más que antes, eso no quita que conseguir un 70% en T3 demuestra que ese día el Obra estuvo entonadísimo.

El máximo anotador del Obra -y del partido- fue Victor Anger, que se exhibió con 29 puntos y 17 rebotes. Pero también resultó clave la aportación del resto de plantilla: Paco Solsona (20 puntos y 4/5 en triples), Criado (12), Jordi Morella (10 puntos y 2/2 en triples), Modrego, Dosaula (8), Baeza, Collins (7) y Chema Solsona (3). Y Pirulo en el banquillo.

Aldrey, en sus tiempos del OAR Ferrol
(Foto: retroacb.blogspot.com)
Aunque ese 17 de marzo de 1990 sucedió algo más relacionado con el Obradoiro. Un exjugador de la casa, un tal Ricardo Aldrey, lideraba al Clesa Ferrol en su partido de ACB contra el Magia de Huesca. Ese día Aldrey no solo consiguió 33 puntos. Lo hizo con 10/13 en tiros de 2, 3/3 en triples, 4/4 en tiros libres, 4 rebotes, 3 asistencias y 2 robos. Uno no se resiste a soñar con un Aldrey triunfando en la ACB con el equipo de su ciudad: el Obradoiro. Un fenómeno.

viernes, 14 de marzo de 2014

Un 14 de marzo como hoy, pero de 1971, el Obradoiro impartía una lección defensiva en Sarria y dejaba al equipo local en solo 27 puntos. Transcurría la jornada 20 del grupo 1º de la Tercera División, y el Obra seguía realizando una gran campaña en la que era su primera temporada en competición oficial. Solo unos meses antes, un grupo de socios fundadores había creado el Obradoiro CAB en un local de la Rúa do Vilar, como ha contado en más de una ocasión el también entrenador del equipo, José Manuel Couceiro.

Plantilla del Obradoiro 1970-71, el primer equipo de la historia del club
(Foto cedida por Belén Rey)
¿Qué pasó en Sarria? Pues que el Obradoiro se enfrentaba al equipo local, el Juventud OJE. Y en tierras lucenses el equipo compostelano consiguió una victoria solvente a base de un gran trabajo defensivo. Eso es lo que demuestra el resultado final: 27-48 a favor del Obra.

Hace 43 años el Obradoiro peleaba por el ascenso a Segunda División en su estreno como club baloncesto. Esa temporada se quedó muy cerca de meterse en la fase de ascenso gracias a exhibiciones defensivas como la de Sarria o la que mostró una semana después frente al Club Fluvial de Lugo. Si los de Sarria se quedaron en 27, el Fluvial ni siquiera llegó a esa cifra: se quedó en 26.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Hace 31 años que el Obradoiro vivió una de sus peores pesadillas como club. Un 12 de marzo como hoy, pero de 1983, el Obra perdía por 81 puntos (sí, 81) frente al Areslux Granollers. La peor derrota en la historia del Obradoiro. El resultado final (130-49) deja pocas dudas sobre lo que supuso aquella tarde de sábado para el equipo santiagués. Era la parte final de la temporada 1982-83, la primera del Obra en la élite del basket español. Una temporada para olvidar en lo deportivo pero que también ha servido para valorar aún más lo complicado que es mantenerse en la actual ACB.
El Obradoiro de la temporada 1982-83, la primera en la actual ACB
La explicación a lo de Granollers es sencilla. La situación del club era gravísima, los jugadores de la primera plantilla llevaban meses sin cobrar y no viajaron a Cataluña. Sí lo hicieron los jugadores juniors del equipo, lo que permitió disputar el partido. No faltó orgullo y garra. Pero enfrente estaba un Granollers en el que militaban, entre otros, Chichi Creus o el espectacular Slab Jones. Los 49 puntos del Obra aquel día se repartieron entre Abel Amón (13), Pérez (14), González (3), Ricardo Aldrey (10), Millán (7) y Oro (2). Otro día hablaremos de ese gran equipo junior -de los mejores de la historia del Obra- y de lo que consiguió unos meses más tarde.

Creus, en su etapa en Granollers
(Foto: Marca)
Sobre ese partido creo que leí algo escrito por Abel Amón hace tiempo. Una anécdota. Contaba que cuando llegaron a Granollers se encontraron con carteles anunciando el partido en el que vaticinaban un "Emocionant partit de Lliga Nacional" entre ambos equipos. Está claro que aquel partido fue cualquier cosa menos emocionante, y de hecho el mister catalán (Chus Codina) no paró de hacer rotaciones para evitar que la masacre fuese todavía mayor. Y eso que ha habido derrotas peores en el basket español! La más abultada es la que recibió en la temporada 75-76 el Breogán La Casera: 140-48 contra el Real Madrid. 

Y para el final, la moraleja. Al día siguiente la prensa pronosticaba que, tras ese papelón, el fin del Obradoiro estaba cerca. Se hablaba de una quiebra económica total y de un club hundido a todos los niveles. Pero está claro que el Obra no solo no se hundió, sino que ha conseguido sobrevivir y sigue más vivo que nunca y compitiendo con los mejores equipos de España. Aunque de vez en cuando no está de más recordar los momentos ingratos del club para valorar el presente. Y sobre todo, aprender de los errores para no repetirlos.

sábado, 8 de marzo de 2014

El jugador que durante más temporadas ha defendido la camiseta del Obradoiro en categorías profesionales tiene las rodillas destrozadas de tanto paso por el quirófano y tanto desgaste. Pero los problemas físicos no le impiden mirar hacia atrás, ejercitar la memoria y recuperar desde tierras herculinas algunos momentos decisivos de su paso por el Obra. Los buenos y los malos. Los que convirtieron a Mario Iglesias Botia en un referente para el obradoirismo. Para los mayores, porque le vieron anotar, rebotear y hacer su clásico reverso en el viejo Sar. Y para los jóvenes, porque muy seguramente sus familiares le habrán hablado alguna vez de lo que significó este coruñés de 1,92 en la historia del club.
Mario, en un Feiraco-Tenerife allá por 1985
(Foto: Cedida por Tonecho)
Empezamos por lo personal. Y llega la primera en la frente. "Tengo las rodillas de un hombre 75-80 años; los médicos me han dicho que aguante lo que pueda", reconoce Mario. Una artrosis degenerativa de grado máximo que es consecuencia directa de los múltiples problemas en las rótulas que padeció durante toda su carrera deportiva. Unos problemas que le acompañaron desde joven, desde que sufrió su primera operación cuando formaba parte del Cotonificio de Badalona y todavía no había aterrizado en Compostela.

Una de las preguntas que tenía pendiente de hacerle a Mario tiene que ver con sus primeros recuerdos con el basket. Su trayectoria en las pistas ya fue abordada en este blog hace unos meses, pero quedaba por saber cómo había ido a parar a Cataluña desde su A Coruña natal. La respuesta está en la participación del equipo de su colegio, el Santa María del Mar, en un Campeonato de España representando a Galicia. Un equipo de colegio (en el sentido estricto de la palabra) que iba a competir durante unos días con los clubes más fuertes de España. Fue en ese torneo en el que Aíto le echó el ojo y decidió llevárselo a Badalona para jugar en el Cotonificio. Y es que una de las cunas del basket español tenía en aquellos años dos equipos en la actual ACB. Uno era la Penya. Al otro se le conocía como el equipo algodonero y tenía de segundo entrenador a un tal Manel Comas.

Con el clásico tiro en suspensión
(Foto: Cedida por Tonecho)
Pero el mejor recuerdo que guarda Mario Iglesias de aquellos años de baloncesto no tiene que ver tanto con canastas y rebotes, ni con los partidos en los que metía más de 40 puntos, ni con aquellos tiempos en los que formaba una pareja letal con José Antonio Gil, sino con las experiencias vividas fuera de la pista. Con la sensación de sentirse apreciado por el hecho de formar parte del equipo de la ciudad y de compartir triunfos y decepciones con los vecinos. "Me quedo con el cariño de la gente; no ganábamos un puto duro pero éramos una piña y la gente de la ciudad se portaba con mucho cariño con nosotros".

Y es que el sueldo (en pesetas) no era tampoco para echar cohetes, pero el jugador tenía también una serie de extras que hacían que la relación entre la plantilla y la directiva fuese todavía más estrecha. Por ejemplo, un directivo en aquel entonces (Sebi) era mecánico y arreglaba los coches de los jugadores cuando tenían algún problema, incluido el Seat 600 de Mario Iglesias. También comían en el restaurante de otro miembro de la directiva, Serafín, ya fallecido. "Era totalmente distinto a lo de ahora", remarca. Por mucho que los jugadores se puedan sentirse cómodos en Compostela, difícilmente se llega en el basket actual a esos niveles de proximidad entre afición, jugadores y directiva.

No obstante, en el terreno extradeportivo también hay sitio para los momentos agrios. Porque es necesario introducir un matiz. "Más que el cariño de la gente, me quedo con el cariño de las personas. En el mundo hay mucha gente, sobre todo cuando estás arriba, pero hay pocas personas". Cita nombres vinculados de toda la vida al obradoirismo como Tonecho Lorenzo, Manolo Vidal o Antonio López Cid, "que me enseñó todo lo que sé, incluso la mala leche en la pista". "López Cid daba cinco asistencias cada partido", recuerda.

MATARÓ: EL PARTIDO
Lo deportivo. Mucho de lo que hablar desde que Mario Iglesias Botia aterrizó en Obradoiro a finales de los setenta y se marchó (de forma definitiva) en el verano de 1988. En el medio, un paso por el Bosco de A Coruña -lo que le permitió volver a su ciudad- que duró dos temporadas. Y un epílogo en distintos equipos como Oviedo o Aguas de Mondariz de Vigo. Pero el nombre de Mario Iglesias estará siempre unido al Obradoiro.

Y en ese recorrido hubo tiempo para casi todo. Momentos de los buenos, como el campeonato de España de Segunda División (1985), el ascenso a la actual ACB (1982) o las temporadas de buen baloncesto que vio Santiago durante la época de Bill Collins, Ricardo Aldrey y compañía. También vivió el fracaso colectivo que supone un descenso de categoría. Con la agravante de que eso fue lo que pasó en su último partido oficial con la camiseta de Obradoiro, en el cuarto partido de un play-out en Andorra. Difícil imaginar un peor final tras muchas temporadas defendiendo a un mismo club.

Mario, en el famoso partido de Mataró (1982)
Pero en el balance pesan más los momentos inolvidables. Los triunfos y los grandes triunfos. Y después está lo que pasó en Mataró el 25 de abril de 1982. Una victoria en la que Mario Iglesias tuvo mucho que ver, y que supuso el mayor éxito en la historia del club hasta el ascenso de Burgos. A mayores, hay que tener en cuenta que el equipo no había iniciado la temporada con el objetivo del ascenso, pero se lo fue creyendo a medida que pasaban las jornadas y al final sucedió lo que (felizmente) sucedió.

Lo de Mataró ya se ha contado también con pelos y señales. Y Mario Iglesias -al que otro obradoirista, José Manuel Calvelo, se refirió recientemente en Facebook como El Gamo- tampoco lo ha olvidado. ¿Cómo olvidar algo así? "En la primera parte perdíamos de 12", relata. Agarrotados por la presión de quedarse sin ascenso en el último partido, lo que Alberto Abalde definió como "remar tanto para quedarnos en la orilla". El sueño se esfumaba tras tocarlo con las punta de los dedos.

Pero todo cambió en la segunda parte. Las canastas empezaron a entrar, la defensa subió de nivel y el Obra comenzó a carburar. Y ahí apareció una vez más Mario Iglesias Botia. Él mismo lo recuerda sin apelar a la falsa humildad. "Me los comí en la segunda parte, con 17 puntos". Así de claro. Entre Mario y Gil enchufaron 53 de los 89 puntos que le valieron al Obradoiro para ascender a la actual ACB aquella mañana de domingo.

Celebración en Lavacolla tras el ascenso de 1982
Y el recibimiento en Lavacolla. Un recuerdo en el que coinciden todas las personas con las que he hablado y que estuvieron esa noche en el aeropuerto compostelano. Varios cientos de personas se plantaron en la pista -cualquiera imagina la multa de AENA si alguien lo intenta hoy en día- y recibieron a jugadores y cuerpo técnico como merecían, viéndolos bajar del avión de Iberia como si fuesen jefes de Estado. "Toda esa gente apareció allí en Lavacolla... Parecía como si fuésemos los de la cabalgata de Reyes", recuerda todavía impresionado. Mario Iglesias y otros salieron en hombros de la terminal compostelana y hay fotos que lo demuestran.

¿Y LA ACB?

La última pregunta tiene que ver con la que puede parecer el gran lunar de la trayectoria de Mario Iglesias como deportista: la élite. La ACB. A día de hoy cuesta entender como un jugador de sus características nunca llegó a disputar ni un minuto en la máxima categoría del basket español, y más si se tiene en cuenta que en aquella época el número de jugadores extranjeros no pasaba de dos por equipo, por lo que los jugadores españoles tenían mayores oportunidades de formar parte de los equipos de primer nivel por la sencilla razón de que los necesitaban. Lo de Bosman era sencillamente inimaginable.

La primera razón podría estar en que nuestro protagonista prefirió ser cabeza de ratón antes que cola de león en un equipo ACB, en el que nunca tendría el protagonismo que sí tuvo en la segunda categoría. Pero el principal motivo está en sus problemas físicos. En las malditas rodillas, un problema que -como él mismo ha admitido- tendría una solución de haberse producido hoy en día y con los tratamientos que en aquel momento no existían.
El Obradoiro 1981-82, que logró el ascenso a la actual ACB.
Mario es el segundo en la fila de abajo, empezando por la derecha
La gran oportunidad de pisar la actual ACB estuvo precisamente en el verano de 1982, una vez que el Obradoiro logró el ansiado ascenso a la élite. Mario tenía un hueco en esa plantilla. Pero decidió desvincularse del Obra y mudarse 65 kilómetros al norte para seguir en la Primera B con la camiseta del Bosco coruñés. Otra vez las rodillas.

Y es que el Obra contrató como entrenador para su estreno en la élite al yugoslava Todor Lazic. Y Mario Iglesias sabía de sobra que con un mister de estas características era prácticamente imposible tener minutos sin entrenar al máximo nivel. "Con los entrenadores yugoslavos, el que no entrena no juega. Quizás con un entrenador que comprendiera eso... [sus problemas físicos], pero con un yugoslavo no era posible", resume. Los jugadores que vivieron aquello dan fe de la dureza de los entrenamientos y de la exigencia física de aquellos meses. "Por ejemplo ahí estaba Ricardo Aldrey, que era una moto, una bestia entrenando", recuerda. Él era consciente de sus limitaciones, y esa espina quedó ahí.

Mario, en A Coruña, en la entrevista que le realizó
Cristina Guillén para El Correo Gallego
Mucho ha cambiado el basket desde los tiempos de Mario Iglesias, incluido el viejo pabellón de Sar, reconvertido bajo el mismo terreno en un Multiusos con 6.000 asientos. Pero lo que no ha cambiado es el reconocimiento y el cariño con el que le recuerdan los que le vieron jugar en Sar. Un homenaje que, a buen seguro, le brindaría el obradoirismo si alguna vez tiene oportunidad de hacerlo. En manos del club está acordarse algún día del jugador que más veces ha vestido la camiseta del Obra.

(Artículo publicado también en el número 4 de SCQ Basket)

miércoles, 5 de marzo de 2014

Un 5 de marzo, pero de 1983, un ciclón llamado Barcelona pasó por el viejo pabellón de Sar y destrozó casi todo lo que se encontró por delante. El resultado final (72-122) deja bien a las claras lo que significó la primera visita del Barça en un partido oficial en Santiago. Poco pudo hacer un Obradoiro que, además, a esas alturas de la temporada ya se había quedado sin sus dos americanos: primero fue Chuck Verderber y luego Nate Davis.


Como se puede comprobar en la crónica de El Mundo Deportivo, el equipo culé poco menos que se paseó por la pista de Sar ante un Obra muy mermado. Al descanso el Barça ya dominaba por 24 puntos. Y al final acabó venciendo por 50, aunque esa no fue la peor derrota como local del Obra aquella temporada, ya que el Real Madrid había vencido dos meses antes por una diferencia todavía mayor (+55) el día de los famosos mates de Nate Davis.

Aquel Barcelona 82-83 que arrasó Sar era igualmente un auténtico equipazo. La columna vertebral era la misma que marcaría una época durante la década de los 80, con Chicho Sibilio, Epi, Solozábal, Ansa, Flores, Quim Costa... En esa plantilla también figuraba el norteamericano Marcellus Starks, que había jugado en la potentísima LEGA. Es casi el mismo equipo (aún no había llegado Davis) que perdió la final de la Copa de Europa en 1984 frente al Banco di Roma.

Aquí hay cuatro jugadores del Barça 82-83: Solozabal (7), Epi (15),
Sibilio (6) y Starks (10). Davis (el 14) llegó la temporada siguiente.
(Foto: blaugranas.com)
¿Y el Obra? A falta de americanos, los nacionales -es decir, el resto- tiraron de orgullo y casta para plantar cara al todopoderoso Barça de la mejor manera posible. Tres jugadores santiagueses terminaron eliminados por faltas (Arturo Corts, Abel Amón y Joan Pagés) y entre los que se quedaron en pista estaban Popocho Modrego, Ricardo Aldrey, Gil, Carlos Pérez -máximo anotador del Obra con 17 puntos- y Rivera. Mención especial para el junior Amón, seguidor de este blog y que en ese partido consiguió 15 puntos.

La primera vez que la afición obradoirista vio en directo al Barcelona acabó volviendo a casa con una buena cesta de puntos en contra. Han tenido que pasar más de 30 años para que el Obradoiro consiguiese al fin vencer al Barça en Santiago (77-60), devolviendo en parte aquella histórica paliza. Como anécdota, en aquel partido de marzo de 1983 participó Chicho Sibilio, poseedor del récord nacional de triples en una temporada hasta que se lo arrebató un jugador del Obra. Un tal Alberto Corbacho.