viernes, 11 de abril de 2014

En más de una ocasión se ha contado en este blog que las Canarias nunca han sido unas islas afortunadas para el Obradoiro. Casi todos los partidos decisivos (o no decisivos) que ha jugado el Obra en el archipiélago se saldaron con derrota, tanto en los años 70 como en los 80 y en la época actual. Derrotas muy duras, como la que cosechamos con Moncho en La Palma en 2011. Y muy pocas excepciones, como las recientes victorias en Las Palmas gracias a los triples de Dewar o Corbacho.

Equipo del Caja Rural en la temporada 76-77 (un año después)
El número 10, Jim Brown, era su jugador franquicia
(Foto: Blog Basketmanía)
En el apartado de malos recuerdos está la derrota que el Obra sufrió en Tenerife un 11 de abril como hoy, pero en 1976. Fue un palo que acabó drásticamente con el sueño del ascenso a la División de Honor, la actual ACB. Un sueño impensable en la primera parte de la temporada, pero que poco a poco se fue haciendo algo creíble a medida que avanzaba aquella temporada 75-76. Hasta que llegó aquel Caja Rural-Obra (82-80) de infausto recuerdo para el obradoirismo.

El Obradoiro llegó a Canarias en avión, pero su estado físico y de ánimo era el de una moto. Es cierto que el equipo había tardado en carburar en el inicio de la temporada y encadenó varios malos resultados. Pero hubo cambio en el banquillo, José Manuel Couceiro se puso al frente del equipo y el panorama cambió. El Obra encadenó siete victorias consecutivas (incluida una en Sar contra el líder Dicoproga) y llegó a esta penúltima jornada de liga situado a dos puntos del segundo clasificado, el Castilla, que en la última jornada visitaba Sar. Los dos primeros ascendían.

Jim Brown, el americano del Caja Rural
(Foto: Blog Basketmanía)
Sobre el partido contra el Caja Rural de La Laguna, nada mejor que recuperar lo escrito por el propio Couceiro en su blog recordando aquel encuentro. En ese artículo se cuenta que el Obra llegó con el tiempo justo al pabellón por un retraso en el avión. Y que la afición obradoirista viajó en vuelo charter para estar con el equipo. Pero el artículo resume también lo que pasó en la pista del pabellón Luther King aquel día:

"Las cosas no salían. Los laguneros peleaban como si se le fuera la vida, arañaban. ¿Qué pasaba?. El Obra no decidía. En el descanso Couceiro (...) baja al vestuario dispuesto a todo, pero en la cancha nada sale. Ellos siguen peleando a tope. Cuando faltan 1,46 y gana Canarias de 8, Couceiro pide su último tiempo muerto, ordena defensa uno a uno, a cara de perro, por todo el campo y búsqueda de líneas de pase, de atrapamientos y todo lo que fuese preciso, responsabiliza de los puntos finales a Tonecho y Thordsen, y dice a los jugadores que desde ese momento no tienen entrenador, que tienen que ir a morir por el club".

¿Y que pasó después? Pues un final muy parecido al de otras tragedias obradoiristas, como la vivida frente al Joventut en enero de 2013 que nos dejó a una canasta de la Copa del Rey. Lo cuenta Couceiro con detalle:

"El Obra roba y se pone a 6, roba y a 4, roba y a 2 puntos. Faltan 20 segundos. Otra jugada más y estamos ahí. Pepe Cabrera [entrenador del Caja Rural] se da cuenta de que su rival está sentado a su lado, se levanta, para el partido, y Couceiro se disculpa con los árbitros de que había ido a buscar agua que no le daba su contrincante. Tuvo que volver a su banquillo y no hubo tiempo para más. Faltaron unos segundos para la gran jugada."

El Obra 75-76, que se dejó un ascenso en La Laguna
El Obra perdió aquel día la posibilidad de ascender a la élite del baloncesto español. Hubiese sido un justo premio para un equipazo formado por jugadores como Tonecho, Quino Salvo, Jimmy Thorsden, Motos, López Cid, Gil, Pita, Conde, Alfredo Domínguez... En la foto también aparecen Couceiro, Owi Cameron y Pepe Casal.

Pero el Obradoiro no solo perdió un ascenso. De paso empezó a cimentar esa leyenda negra vinculada a sus partidos en territorio canario. Ha habido que esperar muchos años hasta que el Obra, con otro entrenador de la casa en el banquillo, acabó con esa leyenda gracias a dos victorias espectaculares en Las Palmas frente al Gran Canaria. Punto y final a esa maldición.
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